sábado, 30 de abril de 2011

ÚLTIMAS NOTICIAS DE TIERRA SANTA

MÁS DE 200.000 PEREGRINOS ASISTIRÁN A LA VIGILIA POR JUAN PABLO II















Una multitud de fieles invade Roma para asistir el domingo en la plaza de San Pedro a la imponente ceremonia por Karol Wojtyla, el primer pontífice de la era global, fallecido hace solo seis años.

Alrededor de 200.000 peregrinos, según las estimaciones de la Santa Sede, asistirán este sábado a la Vigilia de oración que se celebrará en el Circo Máximo de Roma a partir de las 20,00 horas con motivo de la beatificación de Juan Pablo II y en la que participará también Benedicto XVI desde su estudio del Vaticano.


Esta vigilia, con una duración de dos horas, comenzará con una procesión de velas llevadas por los jóvenes de la diócesis de Roma hasta el altar, que se ofrecerán a una imagen de la Virgen 'Salus Populi Romani', patrona de la ciudad. La celebración se dividirá en dos partes.
 
La primera parte, llamada 'Celebración de la Memoria', se dedicará a recordar las palabras y gestos de Juan Pablo II, a través de los testimonios del secretario personal del Pontífice, el ahora arzobispo de Cracovia, el cardenal Stanislaw Dziwisz y el ex portavoz de la Santa Sede, el español Joaquín Navarro-Valls. También participará la religiosa Marie Simon-Pierre, cuya milagrosa curación permitió que Juan Pablo II fuera beatificado. Además, se intercalarán estos testimonios con varios vídeos que mostrarán imágenes del papa polaco, junto con algunas frases dirigidas sobre todo a los jóvenes, según ha explicado el Director de la Oficina Litúrgica de la Diócesis de Roma, monseñor Marco Frisina. Esta primera parte concluirá con el canto 'Totus Tuus' que fue redactado por el 50 aniversario de Ordenación Sacerdotal de Juan Pablo II.
 
Durante la segunda parte, se rezarán los 'Misterios Luminosos' del Rosario, instituidos por Juan Pablo II. Este rosario se celebrará en conexión vía satélite con cinco santuarios marianos, que rezarán con los peregrinos de Roma uno de los misterios por una intención ligada a la figura de Juan Pablo II. El primer misterio se rezará en conexión con el santuario de Lagniewniki, en Cracovia, por la juventud.


El segundo misterio se rezará por la familia y estará en conexión con el santuario Kawekamo-Bugando (Tanzania). Desde el santuario de Nuestra Señora del Líbano-Harissa, los peregrinos rezarán por la evangelización y desde la basílica de Santa María de Guadalupe, en México, se rezará por la esperanza y la paz de las naciones.

 
El último misterio estará en conexión con el Santuario de Fátima, ligado profundamente a Juan Pablo II y en el que se rezará por la Iglesia. El papa Benedicto XVI impartirá la bendición a los participantes en torno a las 22,30 horas de la noche a través de un video en directo desde su estudio del Palacio Apostólico del Vaticano.


Por último, la vigilia de oración finalizará con el canto del 'Salve Regina' y los miles de peregrinos del Circo Máximo encenderán velas "como signo de gloria a Dios y devoción a la Virgen Maria", según ha explicado monseñor Marco Frisina.
 

Noche blanca de la iglesias

La diócesis de Roma celebrará durante la noche del 30 de abril lo que el Vicario de Roma, el cardenal Agostino Vallini ha denominado 'noche blanca de las iglesias', durante la que estarán abiertas ocho iglesias del centro de Roma -la iglesia de Santa Inés, San Marcos del Campidoglio, Santa Anastasia, la Iglesia del Jesús, Santa Maria en Vallicella, San Juan de los florentinos, San Andrés de la Valle y San Bartolomé de la Isla, que se encuentran en el recorrido desde el Circo Máximo a la Plaza de San Pedro-.
 

En estas iglesias se celebrarán Adoraciones eucarísticas y conciertos como preparación para la ceremonia de beatificación, que se celebrará al día siguiente en la Plaza de San Pedro, que abrirá a las 05,30 de la mañana. Estas horas de oración estarán animadas por grupos de jóvenes de la diócesis de Roma y durante las cuales se leerán diferentes frases y textos de Juan Pablo II, según ha informado el Director de la Oficina de las Comunicaciones Sociales de la Diócesis de Roma, monseñor Walter Insero.

 
La ceremonia

El papa Juan Pablo II se convertirá en beato este domingo en una misa oficiada por el papa Benedicto XVI a las 10,00 horas en la Plaza de San Pedro de Roma, que irá precedida por una hora de preparación durante la que se rezará la llamada corona de la Divina Misericordia, una devoción introducida por Santa Faustina Kowalska y cuya fiesta fue introducida por Juan Pablo II. La ceremonia de beatificación comenzará con la lectura de la llamada 'fórmula de beatificación', que consiste en leer los aspectos principales de la vida del beato. Posteriormente, se descubrirá el tapiz con una imagen del nuevo beato mientras se canta el himno del beato en latín, que se ha inspirado en las primeras palabras de Juan Pablo II en la homilía de inicio de su Pontificado: "No tengáis miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo".

 
El portavoz de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, ha explicado que este domingo por la mañana se trasladará el féretro de Juan Pablo II ante el altar de la Confesión de la Basílica de San Pedro. Finalizada la misa y la ceremonia de beatificación de Karol Wojtyla, Benedicto XVI y todos los cardenales concelebrantes se dirigirán al altar de la Confesión en procesión y rezarán unos instantes ante el cuerpo del nuevo beato. Posteriormente, los peregrinos podrán venerar los restos de Juan Pablo II y no se cerrará la basílica de San Pedro "hasta que no haya pasado el último peregrino", según confirmó el padre Federico Lombardi.
 

Ante la posibilidad de que lleguen al menos un millón de personas a Roma para venerar el cuerpo, Lombardi aseguró que la basílica permanecerá abierta "toda la noche" si fuera necesario y tan solo se cerrará durante unos minutos para llevar a cabo las tareas de limpieza. Las celebraciones con motivo de la beatificación de Juan Pablo II concluirán el próximo lunes 2 de mayo con una misa en honor al nuevo beato que se celebrará en la Plaza de San Pedro de Roma a las 10,00 horas y será presidida por el Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone.

 
Al menos 87 delegaciones extranjeras participarán en la beatificación de Juan Pablo II, según Lombardi. Entre estas delegaciones, participarán cinco casas reales, 16 jefes de Estado y seis jefes de Gobierno, así como algunas representaciones de la Unión Europea, como el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, y uno de los vicepresidentes del Ejecutivo comunitario, el italiano Antonio Tajani.


Fuente: EP

DATOS ESTADÍSTICOS DE JUAN PABLO II













EL SANTO PATRÓN DE LOS BLOGUEROS











El próximo 2 de mayo, por iniciativa del Pontificio Consejo para la Cultura y  las Comunicaciones Sociales, 150 afortunados bloggers del mundo tendremos el privilegio de reunirnos con significativos representantes de la  Iglesia en el Vaticano.


La participación no se ha restringido a bloggers exclusivamente católicos, la Iglesia siempre abre los brazos, escucha y comparte generosamente.


Las nuevas tecnologías y las redes sociales han generado importantes transformaciones sociales que, desde el Vaticano, se siguen con mucho interés.


En cualquier caso, no deseo extenderme aquí y ahora sobre los objetivos y contenidos del Vatican Meeting Blog 2011. Mi pretensión es trasladar una sencilla y humilde propuesta.  La iniciativa ha despertado mucha expectación, tanto los blogueros participantes como los que no estarán presentes en el encuentro, tenemos el convencimiento de que se está poniendo otra semilla que contribuirá notablemente a la tan citada por S.S. Benedicto XVI "nueva evangelización".


Como ese encuentro dejará magníficos recuerdos y dará maravillosos frutos, la propuesta que se lanza consiste en proponer a uno de los Santos del día, concretamente a SAN ATANASIO, como PATRÓN DE LOS BLOGUEROS, a fin de vincular la jornada a un Santo Patrón.  Evidentemente, supongo que para los blogueros católicos también aportará otra dimensión.


A San Atanasio de Alejandría se le considera Santo en la Iglesia Copta, en la Iglesia Católica, en la Iglesia Ortodoxa y en la Iglesia Anglicana. También es Doctor de la Iglesia Católica y Padre de la Iglesia Oriental.  Recomiendo un repaso a su vida, actividad religiosa y obras.


Os regalo una cita que se le atribuye y que seguramente aplicamos todos los blogueros: "si el mundo va contra la verdad, entonces Atanasio va contra el mundo"


¿Qué os parece la propuesta?



    

viernes, 29 de abril de 2011

HIMNO OFICIAL COMPLETO PARA LA BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II



LETRA DEL HIMNO

Rit. Aprite le porte a Cristo!
Non abbiate paura:
spalancate il vostro cuore
all’Amore di Dio.



1.Testimone di speranza
per chi attende la salvezza,
pellegrino per amore
sulle strade del mondo. Rit.


2.Vero padre per i giovani
che inviasti per il mondo,
sentinelle del mattino,
segno vivo di speranza. Rit.


3.Testimone della fede
che annunciasti con la vita,
saldo e forte nella prova
confermasti i tuoi fratelli. Rit.


4.Insegnasti ad ogni uomo
la bellezza della vita
indicando la famiglia
come segno dell'amore. Rit.


5.Portatore della pace
ed araldo di giustizia,
ti sei fatto tra le genti
nunzio di misericordia. Rit.


6.Nel dolore rivelasti
la potenza della Croce.
Guida sempre i tuoi fratelli
sulle strade dell'amore. Rit.


7.Nella Madre del Signore
ci indicasti una guida,
nella sua intercessione
la potenza della grazia. Rit.


8.Padre di misericordia,
Figlio nostro Redentore,
Santo Spirito d'Amore,
a te, Trinità, sia gloria. Amen. Rit.



Rit. ¡Abrid, las puerta’s a Cristo,
no tengais miedo!
Abrid de par en par
Vuestro corazòn a Dios.

LAS 66 RADIOS MARIA ESTÁN HACIENDO HOY UNA PROGRAMACIÓN CONJUNTA PARA CELBRAR LA FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA


ACTOS EN TIERRA SANTA POR LA BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II






















Con motivo de la beatificación de Juan Pablo II, la Basílica de la Anunciación de Nazaret acoge una serie de celebraciones y ceremonias para recordar la peregrinación del Papa a Tierra Santa durante el Gran Jubileo del año 2000 y su oración ante la Gruta de la Natividad el día 25 de marzo de aquel año.



El martes 26 de abril se inauguró en el Auditorium de la Basílica de la Anunciación una exposición titulada “Juan Pablo II está con nosotros” que permanecerá abierta al público hasta el sábado 7 de mayo y donde se recogen objetos litúrgicos y fotos que recuerdan el paso del nuevo beato por Nazaret. Junto al guardián del santuario, el padre Ricardo Bustos ofm, ha inaugurado la exposición el obispo de Caltanisetta, Mons. Mario Russotto, en peregrinación con los fieles de su diócesis, que ha expresado su gratitud por este pequeño gesto en honor del gran Papa Juan Pablo II.



El sábado 30 de abril, a las 20:30 horas, la procesión mariana con antorchas tendrá un programa particular y una intención especial por la beatificación. De hecho, esta procesión mariana con antorchas se realizó por primera vez hace seis años, el primero de mayo de 2005, en recuerdo de la muerte de Juan Pablo II y se instituyó expresamente en este santuario mariano tan querido por el Papa; desde entonces se ha convertido en una cita semanal que une en oración a peregrinos y cristianos locales.


 
El domingo 1 de mayo se ha organizado una tarde de oración, video y música como acción de gracias, que será animada por la comunidad católica Shalom y la comunidad New Life y estará bajo la dirección técnica de D. Miroslav Jadloz y Fr. Sinisa Sbrenovich. La cita es a las 20:30 horas en el Auditorium de la Basílica.

PUNTOS DE INFORMACIÓN EN ROMA SOBRE LA JMJ MADRID 2011 Y CENTROS DE REUNIÓN EN ESPAÑA PARA SEGUIR LA BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II



DIRECCIONES EN ROMA PARA CONOCER MEJOR A JUAN PABLO II Y VER OBJETOS PERSONALES



jueves, 28 de abril de 2011

CIERRAN LA CRIPTA DE LOS PAPAS DEL VATICANO PARA TRASLADAR LOS RESTOS DE JUAN PABLO II

CREAN UNA WEB CON MATERIALES SOBRE LA JMJ MADRID 2011 PARA LAS CLASES DE RELIGIÓN















La Delegación de Enseñanza de la archidiócesis de Madrid ha puesto en marcha una nueva web con materiales didácticos para las clases de Religión de todos los centros educativos, sobre la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011, que se celebrará desde el 16 al 21 de agosto.


La web  tiene como objetivo contribuir en el sistema educativo al conocimiento, la información y la preparación de la Jornada. Se trata de materiales didácticos elaborados como desarrollo curricular de la clase de Religión Católica, que todos los profesores de Religión y de otras materias podrán utilizar en el marco de sus programaciones didácticas.




DETALLES DEL MILAGRO ATRIBUIDO A JUAN PABLO II














Dos meses después de la muerte del papa, una noche de junio de 2005 una monja francesa de apenas 46 años, diagnosticada de párkinson desde un lustro antes, sintió que la enfermedad le consumía la vida. Cuando llegó a su habitación, una voz le pidió que tratara de escribir de nuevo el nombre de Juan Pablo II. La monja lo escribió a duras penas, se durmió y a las cuatro y media de la madrugada se despertó con una sensación “muy fuerte”.


La hermana Marie Simon-Pierre sufría al ver a Juan Pablo II en televisión en los últimos años de su vida. El cuerpo de aquel anciano que temblaba por el párkinson y que a duras penas lograba levantar la vista le anticipaba los sufrimientos que la religiosa de las Hermanitas de las Maternidades Católicas iba a padecer. Sor Marie también tenía párkinson.



La única diferencia era que ella sólo tenía 40 años cuando comenzaron sus temblores en 2001. En los siguientes cuatro años, su precoz trastorno neurodegenerativo galopó sin tregua por su cerebro. A principios de 2005, sor Marie a duras penas podía caminar y su brazo izquierdo colgaba inerte de su cuerpo. Ya no le hacía falta ver la agonía de Juan Pablo II para saber que su universo inmediato era una silla de ruedas y una larga vida de pesar.



El mismo día de la muerte del papa, sor Marie Simon- Pierre le pidió que intercediera ante Dios para que se obrara en ella el milagro de curar su párkinson. Pero nada ocurrió. Incluso sus síntomas se agravaron y el brazo derecho y la pierna izquierda estaban “fuera de control”.



El 1 de junio de 2005, la monja sintió que se consumía por el cansancio que le producía el párkinson y pidió a su superiora ser relevada de sus pocas obligaciones para retirarse a descansar, pero la madre le negó el permiso y sólo consintió en que se retirara cuando escribiera en un papel las palabras “Juan Pablo II”.



El esfuerzo de sor Marie fue increíble, y sólo a duras penas, y con una letra ilegible, consiguió sujetar durante unos segundos el lápiz para escribir “unos garabatos”.



Entonces, cuando llegó hasta su celda, escuchó una voz que la conminaba a volver a escribir el nombre del papa polaco. Sor Marie recordará siempre que se sintió “extraña, sobre todo porque me pareció que mi letra había mejorado”. Y se durmió.



A las cuatro y media de la madrugada, sor Marie se despertó con “una sensación extraña, muy fuerte; una sensación imposible de explicar; algo demasiado grande, como un misterio. Sentía que mi cuerpo estaba transformado por entero. Tenía el convencimiento de que estaba curada por completo”. Entonces, sor Marie se levantó, tomó un bolígrafo y un trozo de papel y escribió el nombre de Juan Pablo II con buena letra. Entonces se fue a buscar a otra monja que le servía de asistente y le dijo: “Hermana, mire; ya no tiemblo”. Y sor Marie añadió: “Juan Pablo II me ha curado”.



Las hermanitas llevaron a sor Marie a su neurólogo, quien le preguntó si se había tomado más dosis de dopamina (hormona que funciona como neurotransmisor) de la recetada. La monja recuerda que “cuando le contesté que no, que había suspendido por completo la medicación, aquel doctor se quedó sin habla; no se lo podía creer”.



La noticia llegó al arzobispo de Arles, quien ordenó a la congregación que guardara silencio acerca de lo ocurrido. Sor Marie jamás volvió a repetir que su curación había sido un milagro, sino que “estaba enferma y ahora estoy curada; determinar si es un milagro, o no lo es no me compete a mí, sino que es algo que deberá decidir la Iglesia”.



Y la Iglesia fue. El 29 de marzo de 2006, el arzobispo de Arles, Claude Feidt, remitió un comunicado oficial por el que ordenaba una investigación completa de la supuesta curación milagrosa de la monja francesa. Durante un año entero, el postulador de la causa de beatificación de Juan Pablo II, monseñor Slawomir Oder, mandó que se recogieran todas las pruebas médicas y que se tomara declaración a teólogos, canonistas, al equipo médico que la trató, a especialistas mundiales en enfermedades neurodegenerativas, psiquiatras y hasta a un experto calígrafo para que determinara que los garabatos guardados por la superiora desde la noche del milagro eran de sor Marie.



Durante los siguientes cuatro años, el caso de la monja (que hoy sirve en la maternidad de Sainte-Félicité en París) pasó por varias comisiones médicas de estudio que trataron de refutar la posibilidad de que aquello fuera un milagro.



De las tres condiciones que debe cumplir una sanación para que pueda ser considerada como milagrosa: que sea inmediata, completa y duradera; varios médicos mostraron ciertos reparos a certificar que la curación fuera duradera por el escaso tiempo transcurrido.



Sin embargo, casi cinco años después de aquella noche de junio de 2005, cuando otros 200 supuestos milagros se agolpaban en la mesa del postulador para su estudio, los médicos concluyeron al fin que la sanación de sor Marie por la supuesta intercesión de Juan Pablo II estaba más allá de cualquier explicación científica.







martes, 26 de abril de 2011

EL DOMINGO, 8 DE MAYO, PRÓXIMA EUCARISTÍA EN LA BASÍLICA DE LA SAGRADA FAMILIA DE BARCELONA


















BASÍLICA DE LA SAGRADA FAMILIA
Eucaristía con la participación de todas las parroquias
de la Zona Pastoral 1
Arciprestazgos: Catedral, Ramblas-Poble Sec, Sant Josep Oriol,
Purísima Concepción, Sagrada Familia, San Martín, Poblenou,
Provençals, Sant Andreu, Trinidad-Roquetes



Domingo, 8 de mayo, 17 horas


Con motivo de la celebración de la Eucaristía con la participación de todas las parroquias de los arciprestazgos de la Zona Pastoral 1, el Emmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Barcelona, ​​Dr. Lluís Martínez Sistach, presidirá una misa en la Basílica de la Sagrada Familia, el domingo 8 de mayo de 2011, a las 17 horas. 


CÓMO ACCEDER A LA BASÍLICA?

Para poder asistir a la celebración de la eucaristía, es imprescindible la presentación de una INVITACIÓN GRATUITA, sin la cual no se podrá acceder al templo, dado que el aforo es limitado por las exigencias establecidas por las normas de seguridad.


DÓNDE SE PUEDEN OBTENER LAS INVITACIONES?

Las invitaciones se entregarán gratuitamente en la sala de visitas del edificio del Seminario Conciliar de Barcelona, ​​en la calle Diputación, 231.


CUANDO SE PUEDEN OBTENER LAS INVITACIONES?

Las invitaciones se han de obtener sólo la semana antes de la celebración de la eucaristía.  Concretamente, para esta celebración, se pueden obtener las invitaciones los días y horarios siguientes:

- días: de lunes 2 de mayo a viernes 6 de mayo de 2011
- horario: mañanas: de 10 a 14 horas; tardes: de 16 a 20 horas
AVISO IMPORTANTE!

Para participar en las eucaristías que se celebrarán en la Basílica de la Sagrada Familia, se procederá del mismo modo que se indica en este comunicado. Es decir, habrá que obtener una invitación gratuita en el Seminario Conciliar de Barcelona, ​​una semana antes de la celebración de la Eucaristía.
 
 
 
Los sacerdotes y diáconos también deberán recoger la INVITACIÓN para asistir a la celebración de la eucaristía. Hay que llevar alba y estola blanca. El lugar para revestirse les será indicado en acceder al templo por la fachada del Nacimiento y mostrar la correspondiente invitación. Se ruega estar en la Basílica no más tarde de las 16.45 horas.


Los sacerdotes que quieran concelebrar deben comunicarlo a la Secretaría General de este Arzobispado a través del correo electrónico: mgabrielc@arqbcn.cat o bien por teléfono al 93 270 12 48, de lunes a viernes, de 9 a 15 horas.

EDITAN UN LIBRO CON LOS MENSAJES DE LAS JMJ


















A poco más de 100 días de la Jornada Mundial es una buena ocasión para hacer un sprint en la preparación espiritual  personal de cara a la JMJ. Para facilitar este objetivo, la editorial Romana ha editado un libro donde se recogen todos los mensajes de todas las Jornadas Mundiales.



En el prólogo del libro, Monseñor César Franco, obispo auxiliar de Madrid y coordinador general de la JMJ,  dice: “estoy convencido de que su lectura ayudará a los jóvenes a prepararse para vivir la próxima JMJ. (…) Animo a los jóvenes a leer y meditar estos mensajes, como una peregrinación por las diversas Jornadas”.



Todos estos mensajes “se centran siempre en lo esencial, en el núcleo de la fe cristiana, que es Cristo. Pero, al mismo tiempo, ofrecen pautas para vivir esta fe en las circunstancias concretas de la vida de los jóvenes y del mundo que les toca vivir”, explica Monseñor César Franco.



Cada mensaje lanza retos, desafíos a los jóvenes… Cada uno es una particular manera de reformular el ‘¡No tengáis miedo!’ con que Juan Pablo II saludó al mundo entero al inicio de su Pontificado; y que Benedicto XVI ha retomado.



•    Título: No tengáis miedo. Los mensajes de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Juan Pablo II y Benedicto XVI.

 

LAS MEDITACIONES DE LA HMNA. MARIA RITA PICCIONE















Ofrecemos enlace para descargar las meditaciones de la Hmna. Maria Rita Piccione, encargadas por Benedicto XVI,  para el Vía Crucis del Viernes Santo en el Coliseo.






URBI ET ORBI COMPLETO 24/04/2011

lunes, 25 de abril de 2011

CLAVES DEL PROCESO DE BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II

REZO Y MENSAJE DE BENEDICTO XVI DESDE CASTEL GANDOLFO



 
El Santo Padre ha recordado la jornada nacional en favor de los niños víctimas de la violencia, la explotación y la indiferencia. Una Jornada que se celebra hoy en Italia patrocinada por la Asociación “Meter” y a cuyos miembros el Papa ha exhortado a continuar con la obra de prevención y sensibilización de las conciencias junto a varias agencias educativas. De forma particular el Papa ha recordado a las parroquias, a los oratorios y las demás realidades eclesiales que se dedican con generosidad a la formación de las nuevas generaciones.


Benedicto XVI, que desde ayer por la tarde se encuentra en el palacio Apostólico de Castel Gandolfo, tras haber presidido todas las celebraciones de la Semana Santa ha dirigido hoy el rezo pascual del Regina Coeli desde el balcón del patio de la residencia estiva para los fieles congregados en el mismo. El Pontífice ha comenzado su breve alocución previa a la plegaria mariana exclamando ¡El Señor verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya!. La resurrección del Señor marca la renovación de nuestra condición humana:


 “Cristo ha vencido la muerte, causada por nuestro pecado, y nos lleva de nuevo a la vida inmortal. De este acontecimiento se desprende la enteral vida de la Iglesia y la existencia misma de nosotros cristianos. Lo leemos, precisamente hoy, Lunes del Ángel, en el primer discurso de misionero de la Iglesia naciente: “A este Jesús – proclama el apóstol Pedro – lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos”. Exaltado, pues, por la diestra de dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado, como vosotros mismos estáis viendo y oyendo” (Hch 2,32-33)


Uno de los signos característicos de la fe en la Resurrección -ha proseguido diciendo Benedicto XVI – es el saludo entre los cristianos en el tiempo pascual, inspirado del antiguo himno litúrgico: ¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado! Es una profesión de fe y un compromiso de vida, propio como a ocurrido a las mujeres descritas en el Evangelio de san Mateo: “”De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: “Alegraos”.


Y ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies” Entonces Jesús les dijo: “No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán” (28,9-10). Seguidamente el Santo Padre ha aludido a Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi del Siervo de Dios Pablo VI en la que recuerda la misión que toda la Iglesia recibe de evangelizar y que la obra de cada uno es importante para el todo. Y a este punto Benedicto XVI se ha preguntado ¿De qué manera podemos encontrar al Señor y convertirnos cada vez más auténticos testigos suyos?

San Máximo de Turín afirma: “Cualquiera que desee alcanzar al Salvador, lo primero es ponerlo en la propia fe a la diestra de la divinidad y colocarlo con la persuasión del corazón en los cielos” (Sermon XXXIX a, 3: CCL 23, 157), debe aprender a dirigir constantemente la mirada de la mente y del corazón hacia la altura de Dios, donde está Cristo resucitado. 


 En la oración, en la adoración, pues, Dios encuentra al hombre. El teólogo Romano Guardini observa que, “la adoración no es cualquier cosa de accesorio, secundario... se trata del interés último, del sentido y del ser. En la adoración el hombre reconoce aquello que vale en sentido puro, sencillo y santo” (La Pasqua, Meditazioni, Brescia 1995, 62). Sólo si sabemos dirigirnos a Dios, rezarle, nosotros podremos descubrir el significado más profundo de nuestra vida, y el camino cotidiano queda iluminado por la luz del Resucitado.


Benedicto XVI ha finalizado su alocución previa a la plegaria mariana recordando que hoy la Iglesia, en Oriente y en Occidente celebra san Marcos evangelista, sabio anunciador del verbo y escritor de las doctrinas de cristo – como antiguamente se le definía. También él es el Patrono de la ciudad de Venecia, donde, Dios mediante, me trasladaré en visita pastoral el 7 y 8 de mayo próximo. Invoquemos ahora a la Virgen María, para que nos ayude a cumplir fielmente y con alegría la misión que el Señor Resucitado confía a cada uno.


Después del rezo del Regina Coeli el Papa ha saludado en varias lenguas este ha sido el saludo en español:

 Dirijo mi cordial saludo a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. Que no deje de resonar en el mundo y en la Iglesia la alegre noticia de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos. Que la paz, que nace del triunfo del Señor sobre el pecado, se extienda por toda la tierra, en particular por aquellas regiones que más la necesitan. Que la claridad victoriosa de su semblante ilumine vuestras vidas, vuestras familias y vuestras ciudades, y fortalezca también vuestros corazones con la esperanza de la salvación que Cristo nos ha ganado con su pasión gloriosa. Feliz Pascua a todos.

TEXTO COMPLETO

! Queridos hermanos y hermanas ¡

Surrexit Dominus vere! Alleluja! La Resurrección del Señor signa una renovación de nuestra condición humana. Cristo ha vencido la muerte, causada por nuestro pecado y nos lleva nuevamente a la vida inmortal. De este evento brota toda la vida de la Iglesia y la existencia misma de los cristianos. Lo leemos precisamente hoy: Lunes del Ángel, en el primer discurso misionero de la Iglesia naciente: “A este Jesús- proclama el apóstol Pedro- Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos. Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen” (Hech. 2, 32-33). Uno de los signos característicos de la fe en la resurrección es el saludo entre los cristianos en el tiempo pascual, inspirado en el antiguo himno litúrgico: “¡Cristo ha resucitado!/ ¡ Verdaderamente, ha resucitado¡”. Es una profesión de fe y un compromiso de vida, tal como ocurrió a las mujeres descritas en el Evangelio de San Mateo: “De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán" (Mt 28, 9-10). “Toda la Iglesia –escribe el Siervo de Dios Pablo VI- recibe la misión de evangelizar, y la obra de cada uno es importante para el todo. Esta queda como un signo junto a lo opaco y luminoso de una nueva presencia de Jesús, de su partida y de su permanencia. Esta la prolonga y lo continúa” (Exhort. Apost. Evangelii Nuntiandi, 8 diciembre 1975, 15: AAS 68, 14)

¿De qué manera podemos encontrar al Señor y hacernos cada vez más sus auténticos testigos? San Máximo de Turín afirma: “Quien quiere alcanzar al Salvador, primero lo debe poner con la propia fe a la derecha de la divinidad y colocarlo con la persuasión del corazón en los cielos”, por lo tanto, debe aprender a dirigir constantemente la mirada de la mente y del corazón hacia lo alto de Dios, donde Cristo ha resucitado. Entonces, en la oración, en la adoración, Dios encuentra al hombre. El teólogo Romano Guardini observa que “la adoración no es como un accesorio, secundaria….se trata del interés último, del sentido y del ser. En la adoración el hombre reconoce aquello que vale en sentido puro y simple, y santo”. Sólo si sabemos dirigirnos a Dios, rezarle, nosotros podemos descubrir el significado más profundo de nuestra vida y el camino cotidiano es iluminado por la luz del Resucitado.

Queridos amigos, la Iglesia, en Oriente y en Occidente, hoy festeja a San Marcos evangelista, sabio anunciador del Verbo y escritor de las doctrinas de Cristo –como era definido en la antigüedad. Él es también patrono de la ciudad de Venecia, adonde, si Dios quiere, iré en visita pastoral el 7 y 8 de mayo próximo. Invoquemos ahora a la Virgen María, para que nos ayude a cumplir fielmente y con alegría la misión que el Señor Resucitado confía a cada uno de nosotros.

 

NUMEROSAS INTERCESIONES DE JUAN PABLO II



Han pasado seis años y cinco meses desde que volvió a nacer. Ahora tiene 27 y en su rostro apenas se le nota la cicatriz que le dejó aquella mañana de noviembre de 2004, cuando estuvo a punto de morir en un accidente automovilístico y revivió 15 días después en la cama de un hospital.


La mirada le brilla como sólo ocurre con las personas que viven en paz y su sonrisa es reflejo de la firmeza de su historia. «Fue Juan Pablo II el que intercedió por mí». Toma un sorbo de café y comienza a sincerarse. No revela su nombre, porque no quiere protagonismo de lo que considera un pequeño gran milagro. Para él, el protagonista se llama Karol Wojtyla. Recuerda la primera vez que vio al Papa. Fue en 2000, en la Jornada Mundial de la Juventud en Roma. «Me quedé como un niño pequeño, mirándole», comenta. En ese momento, recuerda su infancia: habla de su madre como referente de fe, y de las misas dominicales y las visitas al Santísimo.  



Repasa su adolescencia, cuando se separó de casa para llegar como estudiante a Madrid. Fue la separación de su natal Toledo, donde años después realizaría una visita familiar. En su viaje de regreso, justo en el camino a Villa de Don Fadrique, la muerte intentó cogerlo. «Era una mañana fría. Viajaba con mi padre. Se trató de un choque en cadena. Nos metimos debajo de un camión y ahí empezó todo», relata. En ese momento, regresan a su mente los detalles. «¡Nos matamos!, gritó mi padre». Pero la advertencia pasó de largo ante el recuerdo de las palabras de Juan Pablo II que había escuchado y releído cientos de veces: «No tengáis miedo». 



Luego vinieron las imágenes trágicas. Casi una decena de coches involucrados en el suceso. La muerte parecía rondarle. Se manifestaba en la sangre que perdía a través de las heridas causadas por los cristales del parabrisas incrustados en su rostro. Tenía 21 años.  La escena era violenta, pero las palabras del Pontífice pudieron más. «No tuve miedo a morir», confiesa. Y su mirada cambia. «Acababa de confesarme. Aunque siempre he sido un poco “miedica” ante la muerte, lo viví con mucha calma».



Con esta tranquilidad, siguió la llegada del personal de emergencia y el viaje al hospital de 30 minutos. Tal vez era el delirio, o mejor, la fe. El caso es que empezó a rezar y luego a tararear las canciones religiosas de toda la vida. En su aparente inconsciencia se percató que en un bolsillo portaba un rosario. Era el mismo que le habían entregado un año antes en la última visita de Juan Pablo II a España. «Fue como tocarlo y sentir la fuerza especial de no sentirme abandonado».



Después vino el diagnóstico: politraumatismo facial. ¡Intervención quirúrgica urgente! «El último recuerdo fue una estampa del Papa que me entregó mi madre». A partir de ahí, una operación de ocho horas y la pérdida del conocimiento durante dos semanas. Tras volver en sí, un proceso de recuperación de tres meses. Ahora, varios años después, lleva una vida normal con una fe que parece inquebrantable y que se fortalecerá a buen seguro con la beatificación de su particular Ángel de la Guarda. «Cuando murió, me quedé en casa y lloré como si hubiera muerto alguien muy cercano a mí», concluye.



Eugenio Lira Rugarcía, obispo  auxiliar de Puebla (México), considera abiertamente que los milagros de Juan Pablo II «suman muchos más» que la curación de Parkinson de la religiosa francesa Marie Simon-Pierre, el único reconocido en Roma. Y confiesa que sus 20 años ejerciendo el sacerdocio tuvieron mucho que ver una visita que realizó Karol Wojtyla en enero de 1979 a México. «Fue el primer viaje de todo su pontificado. Era la tercera Conferencia del Episcopado Latinoamericano. Yo logré participar en la misa que celebró». Se trataba de un Eugenio adolescente que, tras esta eucaristía, eligió olvidarse de la ilusión de la infancia de convertirse en dibujante para Walt Disney, y entrar al seminario.



Emocionado, evoca las distintas ocasiones que pudo verlo gracias a su vocación sacerdotal. «Juan Pablo II era impresionante, al verle descubrías a un sacerdote viviendo plenamente su ministerio. El momento culminante que viví con él fue durante el jubileo de 2000, cuando el Santo Padre me concedió una audiencia», revela. Le obsequió con un rosario que conserva en un estuche y que saca de vez en cuando para dar la bendición a la gente, un rosario que el prelado asegura que guarda detrás una historia milagrosa.



Así lo atestigua al recordar cómo una mujer que se enteró que lo tenía lo buscó ocho días después de la muerte del Papa. Le contó, desesperada, sobre una migraña que padecía de años. Le rogó recibir la bendición con el rosario. Lo hizo. Tiempo después la volvió a ver y ella le dijo que un calor fuerte, pero no desagradable, rodeó su cabeza. Días después la enfermedad dejó de manifestarse.



Lira dice que «tengo muchas historias similares», porque usa el rosario continuamente.  De ahí que recuerde la última vez que se encontró con él en 2004. «Estaba muy enfermo, pero lo admiré porque pasamos 192 personas y nos atendió a todos con bondad. Ya casi no hablaba. Después de que lo habíamos visto como atleta de Dios, fue impresionante. Era más grande espiritualmente, un hombre santo». Esta santidad también la vivieron de cerca Asunción y Juan Miguel en Santiago de Compostela en 1989. Ella, una veinteañera voluntaria en Cristianos Sin Fronteras. Él, uno de los miles de peregrinos que llegaron a la capital gallega para participar en la Jornada Mundial de la Juventud. Era la tercera visita de Juan Pablo II a tierra española. 




El primer encuentro entre ambos terminó en una discusión y poco hacía presagiar lo bueno que vendría después. «Vengo a buscar la medicación que me dan para la garganta», dijo ella. «Pues yo no veo que tengas nada», respondió él. Y de aquel enfrentamiento nació el amor. Les llegó entre los discursos del Pontífice y los encuentros cotidianos en el seminario habilitado en lugar de alejamiento.



Él siguió insistiendo en verla cuando regresaron a Madrid. Ella se resistía. Pero accedió. Salieron tres meses y Juanmi le propuso matrimonio. De nuevo, Asun intentó resistirse. Pero accedió. La boda llegó un año más tarde.  Dos décadas después, tienen tres hijos: Alba, Daniel y Pablo. Parece que hubo una «gracia especial», reconocen al recordar aquella JMJ. Y ahora sin resistirse, Asun se refiere a Juanmi: «Muchas veces lo que pienso es que tengo a la persona que me correspondía tener y ahí la encontré, cerca del Papa».



Tiene 27 años y hace seis, un accidente automovilístico casi termina con su vida. Dice que lo salvó un milagro.  «Nuestro coche se metió debajo de un camión. Entonces, lejos de ponerme nervioso, vino a mi mente la frase clave del Papa: ‘‘No tengáis miedo’’». Recuperado de las secuelas del siniestro, prefiere no dar su nombre, porque considera que el protagonista de esta historia es Juan Pablo II.



Hasta 1989 Asun y Juanmi llevaban vidas separadas. Ese verano, la Jornada Mundial de la Juventud que Juan Pablo II presidió en Santiago en 1989 hizo que su destino cambiara, Llegaron como peregrinos, se conocieron y salieron como pareja. Ahora son una familia que recuerda con cariño aquella JMJ con sus hijos: Alba, Daniel y Pablo.



Eugenio Lira Rugarcía, obispo  auxiliar de Puebla (México), considera abiertamente que los milagros de Juan Pablo II «suman muchos más» que el reconocido oficialmente por Roma. Él guarda un rosario que recibió del Santo Padre que ha ayudado a superar problemas graves a alguno de sus feligreses.



Fuente: La Razón

LA PASCUA EN EL SANTO SEPULCRO

domingo, 24 de abril de 2011

DURANTE ESTA SEMANA SANTA, UNOS MIL ANGLICANOS HAN SIDO RECIBIDOS EN PLENA COMUNIÓN CON LA IGLESIA CATÓLICA
















Unos mil anglicanos han sido recibidos en la plena comunión con la Iglesia católica durante esta Semana Santa, en diferentes celebraciones y lugares organizados por el ordinariato personal de Nuestra Señor de Walsingham, una especie de diócesis sin territorio creado por Benedicto XVI en Inglaterra y Gales para la acogida y atención espiritual de estos fieles.



Se trata de unos treinta grupos --unos sesenta clérigos anglicanos--, una etapa decisiva en la respuesta del papa a las peticiones de anglicanos de regresar a la Iglesia católica en comunidades, prevista por la constitución apostólica  Anglicanorum coetibus.



En general, estos grupos anglicanos han sido recibidos en la Iglesia católica por alguno de los tres antiguos obispos, que ahora han sido ordenados sacerdotes católicos: monseñor Keith Newton, superior del ordinariato personal; y los monseñores John Broadhurst, antiguo obispo de Fulham, y Andrew Burnham, antiguo obispo de Ebbsfleet.



En una de las celebraciones, en el Oratorio de Oxford, monseñor Burnham ofreció una homilía en la que presentó dos posibilidades para el ordinariato personal que acaba de nacer: una que la conversión de estos días pase desapercibida, "mezclada entre la masa".



En ese caso, advirtió, "el gesto imaginativo y profético del papa con Anglicanorum cœtibus se quedaría en nada. Lo máximo que podría decirse en los próximos años es que es algo más fácil convertirse, y para los antiguos clérigos anglicanos algo más fácil poder ser ordenados sacerdotes católicos".



"Pero hay otro escenario mucho más entusiasmante. Y para ello tenemos que volver a la primera Pascua. En ella el número de las personas implicadas era todavía mucho menor".



"San Pablo dice con gran entusiasmo que quinientas personas vieron al Señor resucitado. Pero incluso ese número es la mitad del número de los que han regresado a la Iglesia católica a causa de Anglicanorum cœtibus".



"No quiero hacer reivindicaciones hoy sobre la influencia de los anglicanos que están viniendo", reconoció el sacerdote. Por el momento, se centró en impulsar "el mutuo enriquecimiento" que este acontecimiento histórico está promoviendo, como desea el mismo Benedicto XVI.



Pueden verse imagénes y testimonios de los grupos que han entrado en la Iglesia católica en la página y el blog del ordinariato personal de Nuestra Señor de Walsingham: http://www.ordinariate.org.uk, http://ordinariateportal.wordpress.com





VÍDEO EXPLICATIVO SOBRE ORDINARIATO ANGLICANO

ALI AGCA PREGUNTÓ A JUAN PABLO II POR EL SECRETO DE FÁTIMA Y NO PIDIÓ PERDÓN


HOMILÍA DE BENEDICTO XVI EN LA VIGILIA PASCUAL















HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
Basílica Vaticana
Sábado Santo 23 de abril de 201
1


Queridos hermanos y hermanas:

Dos grandes signos caracterizan la celebración litúrgica de la Vigilia pascual. En primer lugar, el fuego que se hace luz. La luz del cirio pascual, que en la procesión a través de la iglesia envuelta en la oscuridad de la noche se propaga en una multitud de luces, nos habla de Cristo como verdadero lucero matutino, que no conoce ocaso, nos habla del Resucitado en el que la luz ha vencido a las tinieblas. El segundo signo es el agua. Nos recuerda, por una parte, las aguas del Mar Rojo, la profundidad y la muerte, el misterio de la Cruz. Pero se presenta después como agua de manantial, como elemento que da vida en la aridez. Se hace así imagen del Sacramento del Bautismo, que nos hace partícipes de la muerte y resurrección de Jesucristo.



Sin embargo, no sólo forman parte de la liturgia de la Vigilia Pascual los grandes signos de la creación, como la luz y el agua. Característica esencial de la Vigilia es también el que ésta nos conduce a un encuentro profundo con la palabra de la Sagrada Escritura. Antes de la reforma litúrgica había doce lecturas veterotestamentarias y dos neotestamentarias. Las del Nuevo Testamento han permanecido. El número de las lecturas del Antiguo Testamento se ha fijado en siete, pero, de según las circunstancias locales, pueden reducirse a tres. La Iglesia quiere llevarnos, a través de una gran visión panorámica por el camino de la historia de la salvación, desde la creación, pasando por la elección y la liberación de Israel, hasta el testimonio de los profetas, con el que toda esta historia se orienta cada vez más claramente hacia Jesucristo. En la tradición litúrgica, todas estas lecturas eran llamadas profecías. Aun cuando no son directamente anuncios de acontecimientos futuros, tienen un carácter profético, nos muestran el fundamento íntimo y la orientación de la historia. Permiten que la creación y la historia transparenten lo esencial. Así, nos toman de la mano y nos conducen hacía Cristo, nos muestran la verdadera Luz.



En la Vigilia Pascual, el camino a través de los sendas de la Sagrada Escritura comienzan con el relato de la creación. De esta manera, la liturgia nos indica que también el relato de la creación es una profecía. No es una información sobre el desarrollo exterior del devenir del cosmos y del hombre. Los Padres de la Iglesia eran bien concientes de ello. No entendian dicho relato como una narración del desarrollo del origen de las cosas, sino como una referencia a lo esencial, al verdadero principio y fin de nuestro ser. Podemos preguntarnos ahora: Pero, ¿es verdaderamente importante en la Vigilia Pascual hablar también de la creación? ¿No se podría empezar por los acontecimientos en los que Dios llama al hombre, forma un pueblo y crea su historia con los hombres sobre la tierra? La respuesta debe ser: no. Omitir la creación significaría malinterpretar la historia misma de Dios con los hombres, disminuirla, no ver su verdadero orden de grandeza. La historia que Dios ha fundado abarca incluso los orígenes, hasta la creación. Nuestra profesión de fe comienza con estas palabras: “Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra”. Si omitimos este comienzo del Credo, toda la historia de la salvación queda demasiado reducida y estrecha. La Iglesia no es una asociación cualquiera que se ocupa de las necesidades religiosas de los hombres y, por eso mismo, no limita su cometido sólo a dicha asociación. No, ella conduce al hombre al encuentro con Dios y, por tanto, con el principio de todas las cosas. Dios se nos muestra como Creador, y por esto tenemos una responsabilidad con la creación. Nuestra responsabilidad llega hasta la creación, porque ésta proviene del Creador. Puesto que Dios ha creado todo, puede darnos vida y guiar nuestra vida. La vida en la fe de la Iglesia no abraza solamente un ámbito de sensaciones o sentimientos o quizás de obligaciones morales. Abraza al hombre en su totalidad, desde su principio y en la perspectiva de la eternidad. Puesto que la creación pertenece a Dios, podemos confiar plenamente en Él. Y porque Él es Creador, puede darnos la vida eterna. La alegría por la creación, la gratitud por la creación y la responsabilidad respecto a ella van juntas.



El mensaje central del relato de la creación se puede precisar todavía más. San Juan, en las primeras palabras de su Evangelio, ha sintetizado el significado esencial de dicho relato con una sola frase: “En el principio existía el Verbo”. En efecto, el relato de la creación que hemos escuchado antes se caracteriza por la expresión que aparece con frecuencia: “Dijo Dios…”. El mundo es un producto de la Palabra, del Logos, como dice Juan utilizando un vocablo central de la lengua griega. “Logos” significa “razón”, “sentido”, “palabra”. No es solamente razón, sino Razón creadora que habla y se comunica a sí misma. Razón que es sentido y ella misma crea sentido. El relato de la creación nos dice, por tanto, que el mundo es un producto de la Razón creadora. Y con eso nos dice que en el origen de todas las cosas estaba no lo que carece de razón o libertad, sino que el principio de todas las cosas es la Razón creadora, es el amor, es la libertad. Nos encontramos aquí frente a la alternativa última que está en juego en la discusión entre fe e incredulidad: ¿Es la irracionalidad, la ausencia de libertad y la casualidad el principio de todo, o el principio del ser es más bien razón, libertad, amor? ¿Corresponde el primado a la irracionalidad o a la razón? En último término, ésta es la pregunta crucial. Como creyentes respondemos con el relato de la creación y con san Juan: en el origen está la razón. En el origen está la libertad. Por esto es bueno ser una persona humana. No es que en el universo en expansión, al final, en un pequeño ángulo cualquiera del cosmos se formara por casualidad una especie de ser viviente, capaz de razonar y de tratar de encontrar en la creación una razón o dársela. Si el hombre fuese solamente un producto casual de la evolución en algún lugar al margen del universo, su vida estaría privada de sentido o sería incluso una molestia de la naturaleza. Pero no es así: la Razón estaba en el principio, la Razón creadora, divina. Y puesto que es Razón, ha creado también la libertad; y como de la libertad se puede hacer un uso inadecuado, existe también aquello que es contrario a la creación. Por eso, una gruesa línea oscura se extiende, por decirlo así, a través de la estructura del universo y a través de la naturaleza humana. Pero no obstante esta contradicción, la creación como tal sigue siendo buena, la vida sigue siendo buena, porque en el origen está la Razón buena, el amor creador de Dios. Por eso el mundo puede ser salvado. Por eso podemos y debemos ponernos de parte de la razón, de la libertad y del amor; de parte de Dios que nos ama tanto que ha sufrido por nosotros, para que de su muerte surgiera una vida nueva, definitiva, saludable.



El relato veterotestamentario de la creación, que hemos escuchado, indica claramente este orden de la realidad. Pero nos permite dar un paso más. Ha estructurado el proceso de la creación en el marco de una semana que se dirige hacia el Sábado, encontrando en él su plenitud. Para Israel, el Sábado era el día en que todos podían participar del reposo de Dios, en que los hombres y animales, amos y esclavos, grandes y pequeños se unían a la libertad de Dios. Así, el Sábado era expresión de la alianza entre Dios y el hombre y la creación. De este modo, la comunión entre Dios y el hombre no aparece como algo añadido, instaurado posteriormente en un mundo cuya creación ya había terminado. La alianza, la comunión entre Dios y el hombre, está ya prefigurada en lo más profundo de la creación. Sí, la alianza es la razón intrínseca de la creación así como la creación es el presupuesto exterior de la alianza. Dios ha hecho el mundo para que exista un lugar donde pueda comunicar su amor y desde el que la respuesta de amor regrese a Él. Ante Dios, el corazón del hombre que le responde es más grande y más importante que todo el inmenso cosmos material, el cual nos deja, ciertamente, vislumbrar algo de la grandeza de Dios.



En Pascua, y partiendo de la experiencia pascual de los cristianos, debemos dar aún un paso más. El Sábado es el séptimo día de la semana. Después de seis días, en los que el hombre participa en cierto modo del trabajo de la creación de Dios, el Sábado es el día del descanso. Pero en la Iglesia naciente sucedió algo inaudito: El Sábado, el séptimo día, es sustituido ahora por el primer día. Como día de la asamblea litúrgica, es el día del encuentro con Dios mediante Jesucristo, el cual en el primer día, el Domingo, se encontró con los suyos como Resucitado, después de que hallaran vacío el sepulcro. La estructura de la semana se ha invertido. Ya no se dirige hacia el séptimo día, para participar en él del reposo de Dios. Inicia con el primer día como día del encuentro con el Resucitado. Este encuentro ocurre siempre nuevamente en la celebración de la Eucaristía, donde el Señor se presenta de nuevo en medio de los suyos y se les entrega, se deja, por así decir, tocar por ellos, se sienta a la mesa con ellos. Este cambio es un hecho extraordinario, si se considera que el Sábado, el séptimo día como día del encuentro con Dios, está profundamente enraizado en el Antiguo Testamento. El dramatismo de dicho cambio resulta aún más claro si tenemos presente hasta qué punto el proceso del trabajo hacia el día de descanso se corresponde también con una lógica natural. Este proceso revolucionario, que se ha verificado inmediatamente al comienzo del desarrollo de la Iglesia, sólo se explica por el hecho de que en dicho día había sucedido algo inaudito. El primer día de la semana era el tercer día después de la muerte de Jesús. Era el día en que Él se había mostrado a los suyos como el Resucitado. Este encuentro, en efecto, tenía en sí algo de extraordinario. El mundo había cambiado. Aquel que había muerto vivía de una vida que ya no estaba amenazada por muerte alguna. Se había inaugurado una nueva forma de vida, una nueva dimensión de la creación. El primer día, según el relato del Génesis, es el día en que comienza la creación. Ahora, se ha convertido de un modo nuevo en el día de la creación, se ha convertido en el día de la nueva creación. Nosotros celebramos el primer día. Con ello celebramos a Dios, el Creador, y a su creación. Sí, creo en Dios, Creador del cielo y de la tierra. Y celebramos al Dios que se ha hecho hombre, que padeció, murió, fue sepultado y resucitó. Celebramos la victoria definitiva del Creador y de su creación. Celebramos este día como origen y, al mismo tiempo, como meta de nuestra vida. Lo celebramos porque ahora, gracias al Resucitado, se manifiesta definitivamente que la razón es más fuerte que la irracionalidad, la verdad más fuerte que la mentira, el amor más fuerte que la muerte. Celebramos el primer día, porque sabemos que la línea oscura que atraviesa la creación no permanece para siempre. Lo celebramos porque sabemos que ahora vale definitivamente lo que se dice al final del relato de la creación: “Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno” (Gen 1, 31). Amén

BENEDICTO XVI SE TRASLADA UNOS DÍAS A LA RESIDENCIA DE CASTELGANDOLFO

VIGILIA PASCUAL EN LA BASÍLICA DE SAN PEDRO

jueves, 21 de abril de 2011

BENEDICTO XVI BENDICE ÓLEOS EN SANTA MISA CRISMAL

HOMILÍA SANTA MISA CRISMAL DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI


HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
Basílica Vaticana
Jueves Santo 
21 de abril de 2011


Queridos hermanos:

En el centro de la liturgia de esta mañana está la bendición de los santos óleos, el óleo para la unción de los catecúmenos, el de la unción de los enfermos y el crisma para los grandes sacramentos que confieren el Espíritu Santo: Confirmación, Ordenación sacerdotal y Ordenación episcopal. En los sacramentos, el Señor nos toca por medio de los elementos de la creación. La unidad entre creación y redención se hace visible. Los sacramentos son expresión de la corporeidad de nuestra fe, que abraza cuerpo y alma, al hombre entero. El pan y el vino son frutos de la tierra y del trabajo del hombre. El Señor los ha elegido como portadores de su presencia. El aceite es símbolo del Espíritu Santo y, al mismo tiempo, nos recuerda a Cristo: la palabra “Cristo” (Mesías) significa “el Ungido”. La humanidad de Jesús está insertada, mediante la unidad del Hijo con el Padre, en la comunión con el Espíritu Santo y, así, es “ungida” de una manera única, y penetrada por el Espíritu Santo. Lo que había sucedido en los reyes y sacerdotes del Antiguo Testamento de modo simbólico en la unción con aceite, con la que se les establecía en su ministerio, sucede en Jesús en toda su realidad: su humanidad es penetrada por la fuerza del Espíritu Santo. Cuanto más nos unimos a Cristo, más somos colmados por su Espíritu, por el Espíritu Santo. Nos llamamos “cristianos”, “ungidos”, personas que pertenecen a Cristo y por eso participan en su unción, son tocadas por su Espíritu. No quiero sólo llamarme cristiano, sino que quiero serlo, decía san Ignacio de Antioquía. Dejemos que precisamente estos santos óleos, que ahora son consagrados, nos recuerden esta tarea inherente a la palabra “cristiano”, y pidamos al Señor para que no sólo nos llamemos cristianos, sino que lo seamos verdaderamente cada vez más.



En la liturgia de este día se bendicen, como hemos dicho, tres óleos. En esta triada se expresan tres dimensiones esenciales de la existencia cristiana, sobre las que ahora queremos reflexionar. Tenemos en primer lugar el óleo de los catecúmenos. Este óleo muestra como un primer modo de ser tocados por Cristo y por su Espíritu, un toque interior con el cual el Señor atrae a las personas junto a Él. Mediante esta unción, que se recibe antes incluso del Bautismo, nuestra mirada se dirige por tanto a las personas que se ponen en camino hacia Cristo – a las personas que están buscando la fe, buscando a Dios. El óleo de los catecúmenos nos dice: no sólo los hombres buscan a Dios. Dios mismo se ha puesto a buscarnos. El que Él mismo se haya hecho hombre y haya bajado a los abismos de la existencia humana, hasta la noche de la muerte, nos muestra lo mucho que Dios ama al hombre, su criatura. Impulsado por su amor, Dios se ha encaminado hacia nosotros. “Buscándome te sentaste cansado… que tanto esfuerzo no sea en vano”, rezamos en el Dies irae. Dios está buscándome. ¿Quiero reconocerlo? ¿Quiero que me conozca, que me encuentre? Dios ama a los hombres. Sale al encuentro de la inquietud de nuestro corazón, de la inquietud de nuestro preguntar y buscar, con la inquietud de su mismo corazón, que lo induce a cumplir por nosotros el gesto extremo. No se debe apagar en nosotros la inquietud en relación con Dios, el estar en camino hacia Él, para conocerlo mejor, para amarlo mejor. En este sentido, deberíamos permanecer siempre catecúmenos. “Buscad siempre su rostro”, dice un salmo (105,4). Sobre esto, Agustín comenta: Dios es tan grande que supera siempre infinitamente todo nuestro conocimiento y todo nuestro ser. El conocer a Dios no se acaba nunca. Por toda la eternidad podemos, con una alegría creciente, continuar a buscarlo, para conocerlo cada vez más y amarlo cada vez más. “Nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti”, dice Agustín al inicio de sus Confesiones. Sí, el hombre está inquieto, porque todo lo que es temporal es demasiado poco. Pero ¿es auténtica nuestra inquietud por Él? ¿No nos hemos resignado, tal vez, a su ausencia y tratamos de ser autosuficientes? No permitamos semejante reduccionismo de nuestro ser humanos. Permanezcamos continuamente en camino hacia Él, en su añoranza, en la acogida siempre nueva de conocimiento y de amor.



Después está el óleo de los enfermos. Tenemos ante nosotros la multitud de las personas que sufren: los hambrientos y los sedientos, las víctimas de la violencia en todos los continentes, los enfermos con todos sus dolores, sus esperanzas y desalientos, los perseguidos y los oprimidos, las personas con el corazón desgarrado. A propósito de los primeros discípulos enviados por Jesús, san Lucas nos dice: “Los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos” (9, 2). El curar es un encargo primordial que Jesús ha confiado a la Iglesia, según el ejemplo que Él mismo nos ha dado, al ir por los caminos sanando a los enfermos. Cierto, la tarea principal de la Iglesia es el anuncio del Reino de Dios. Pero precisamente este mismo anuncio debe ser un proceso de curación: “…para curar los corazones desgarrados”, nos dice hoy la primera lectura del profeta Isaías (61,1). El anuncio del Reino de Dios, de la infinita bondad de Dios, debe suscitar ante todo esto: curar el corazón herido de los hombres. El hombre por su misma esencia es un ser en relación. Pero, si se trastorna la relación fundamental, la relación con Dios, también se trastorna todo lo demás. Si se deteriora nuestra relación con Dios, si la orientación fundamental de nuestro ser está equivocada, tampoco podemos curarnos de verdad ni en el cuerpo ni en el alma. Por eso, la primera y fundamental curación sucede en el encuentro con Cristo que nos reconcilia con Dios y sana nuestro corazón desgarrado. Pero además de esta tarea central, también forma parte de la misión esencial de la Iglesia la curación concreta de la enfermedad y del sufrimiento. El óleo para la Unción de los enfermos es expresión sacramental visible de esta misión. Desde los inicios maduró en la Iglesia la llamada a curar, maduró el amor cuidadoso a quien está afligido en el cuerpo y en el alma. Ésta es también una ocasión para agradecer al menos una vez a las hermanas y hermanos que llevan este amor curativo a los hombres por todo el mundo, sin mirar a su condición o confesión religiosa. Desde Isabel de Turingia, Vicente de Paúl, Luisa de Marillac, Camilo de Lellis hasta la Madre Teresa –por recordar sólo algunos nombres– atraviesa el mundo una estela luminosa de personas, que tiene origen en el amor de Jesús por los que sufren y los enfermos. Demos gracias ahora por esto al Señor. Demos gracias por esto a todos aquellos que, en virtud de la fe y del amor, se ponen al lado de los que sufren, dando así, en definitiva, un testimonio de la bondad de Dios. El óleo para la Unción de los enfermos es signo de este óleo de la bondad del corazón, que estas personas –junto con su competencia profesional– llevan a los que sufren. Sin hablar de Cristo, lo manifiestan.



En tercer lugar, tenemos finalmente el más noble de los óleos eclesiales, el crisma, una mezcla de aceite de oliva y de perfumes vegetales. Es el óleo de la unción sacerdotal y regia, unción que enlaza con las grandes tradiciones de las unciones del Antiguo Testamento. En la Iglesia, este óleo sirve sobre todo para la unción en la Confirmación y en las sagradas Órdenes. La liturgia de hoy vincula con este óleo las palabras de promesa del profeta Isaías: “Vosotros os llamaréis ‘sacerdotes del Señor’, dirán de vosotros: ‘Ministros de nuestro Dios’” (61, 6). El profeta retoma con esto la gran palabra de tarea y de promesa que Dios había dirigido a Israel en el Sinaí: “Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa” (Ex 19, 6). En el mundo entero y para todo él, que en gran parte no conocía a Dios, Israel debía ser como un santuario de Dios para la totalidad, debía ejercitar una función sacerdotal para el mundo. Debía llevar el mundo hacia Dios, abrirlo a Él. San Pedro, en su gran catequesis bautismal, ha aplicado dicho privilegio y cometido de Israel a toda la comunidad de los bautizados, proclamando: “Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa. Los que antes erais no-pueblo, ahora sois pueblo de Dios, los que antes erais no compadecidos. ahora sois objeto de compasión.” (1 P 2, 9-10). El Bautismo y la Confirmación constituyen el ingreso en el Pueblo de Dios, que abraza todo el mundo; la unción en el Bautismo y en la Confirmación es una unción que introduce en ese ministerio sacerdotal para la humanidad. Los cristianos son un pueblo sacerdotal para el mundo. Deberían hacer visible en el mundo al Dios vivo, testimoniarlo y llevarle a Él. Cuando hablamos de nuestra tarea común, como bautizados, no hay razón para alardear. Eso es más bien una cuestión que nos alegra y, al mismo tiempo, nos inquieta: ¿Somos verdaderamente el santuario de Dios en el mundo y para el mundo? ¿Abrimos a los hombres el acceso a Dios o, por el contrario, se lo escondemos? Nosotros –el Pueblo de Dios– ¿acaso no nos hemos convertido en un pueblo de incredulidad y de lejanía de Dios? ¿No es verdad que el Occidente, que los países centrales del cristianismo están cansados de su fe y, aburridos de su propia historia y cultura, ya no quieren conocer la fe en Jesucristo? Tenemos motivos para gritar en esta hora a Dios: “No permitas que nos convirtamos enno-pueblo. Haz que te reconozcamos de nuevo. Sí, nos has ungido con tu amor, has infundido tu Espíritu Santo sobre nosotros. Haz que la fuerza de tu Espíritu se haga nuevamente eficaz en nosotros, para que demos testimonio de tu mensaje con alegría.



No obstante toda la vergüenza por nuestros errores, no debemos olvidar que también hoy existen ejemplos luminosos de fe; que también hoy hay personas que, mediante su fe y su amor, dan esperanza al mundo. Cuando sea beatificado, el próximo uno de mayo, el Papa Juan Pablo II, pensaremos en él llenos de gratitud como un gran testigo de Dios y de Jesucristo en nuestro tiempo, como un hombre lleno del Espíritu Santo. Junto a él pensemos al gran número de aquellos que él ha beatificado y canonizado, y que nos dan la certeza de que también hoy la promesa de Dios y su encomienda no caen en saco roto.



Me dirijo finalmente a vosotros, queridos hermanos en el ministerio sacerdotal. El Jueves Santo es nuestro día de un modo particular. En la hora de la Última Cena el Señor ha instituido el sacerdocio de la Nueva Alianza. “Santifícalos en la verdad” (Jn 17, 17), ha pedido al Padre para los Apóstoles y para los sacerdotes de todos los tiempos. Con enorme gratitud por la vocación y con humildad por nuestras insuficiencias, dirijamos en esta hora nuestro “sí” a la llamada del Señor: Sí, quiero unirme íntimamente al Señor Jesús, renunciando a mí mismo… impulsado por el amor de Cristo. Amén.