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sábado, 2 de junio de 2012

¿QUÉ HA DICHO BENEDICTO XVI A LOS JÓVENES EN MILÁN?



En un encuentro de fiesta y de fe, Benedicto XVI alentó este sábado a cerca de 80 mil jóvenes a cultivar y a contar siempre con la amistad fiel y amorosa de Jesús, confirmados con la abundancia del Espíritu Santo, alegres en la fe, obedientes a sus padres, nunca perezosos, siempre disponibles y generosos, anhelando la santidad. En el estadio milanés de futbol, Giuseppe Meazza, tuvo lugar este sábado, el multitudinario encuentro del Papa con los numerosos jóvenes que se preparan para la Confirmación o que acaban de recibirla, acompañados por sus familiares, padres y padrinos. 

Tras recordar la inmensa gracia de haber sido educados en la fe - como él mismo hace ya tanto tiempo – y la importancia del camino de formación que han recibido para prepararse al sacramento que confirma el Bautismo, cuyo lema este año era «El Espectáculo del Espíritu», el Santo Padre puso de relieve la grandeza de los siete dones del Espíritu Santo que, a lo largo del camino de la vida, ayudan a ser testimonios fieles y valientes de Jesús: - Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios: 

Sabiduría... - recordó Benedicto XVI - para ser como decía Jesús ‘sal de la tierra; Entendimiento, para comprender profundamente la Palabra de Dios y las verdades de la fe; Consejo, para ser guiados a descubrir el proyecto de Dios sobre la vida de cada uno; Fortaleza para vencer las tentaciones y hacer siempre el bien, aun a costa de sacrificios; Ciencia, para saber encontrar en la creación los signos y huellas de Dios; Piedad, para mantener viva la llama del amor a nuestro Padre que está en los cielos, confiando con ternura en su amor y Temor de Dios, que no quiere decir tenerle miedo, sino respetarlo y anhelar su voluntad: 

«Queridos jóvenes, toda la vida cristiana es un camino, es como recorrer un sendero que sube por un monte – o sea que no siempre es fácil, pero subir es algo bellísimo - en compañía de Jesús, que guía nuestra escalada. Con estos dones preciosos, vuestra amistad con Él será aún más verdadera y estrecha».

Amistad que se alimenta continuamente con el sacramento de la Eucaristía, reiteró el Santo Padre invitando a participar con alegría y fidelidad en la Misa dominical y a cultivar el sacramento de la Penitencia y la oración personal de cada día, para dialogar con el Señor, confiándose con Él, contándole alegrías y preocupaciones, pidiéndole luz y apoyo para el camino. 

Señalando luego la suerte de poder contar en las parroquias con los oratorios, lugares donde se reza, se comparte con alegría la fe, se juega y se realizan actividades de servicio, dirigió con cariño algunas exhortaciones:

«¡Frecuentad asiduamente vuestro oratorio, para madurar cada vez más en el conocimiento y seguimiento del Señor! En familia, siempre obedientes a los padres, escuchando sus indicaciones, para crecer como Jesús en sabiduría, edad y gracia ante Dios y ante los hombre’. En fin, no seáis nunca perezosos, sino jóvenes comprometidos, en especial en el estudio, que es vuestro deber cotidiano y una gran oportunidad para crecer. Sed siempre disponibles y generosos hacia los demás venciendo la tentación del egoísmo, que enemigo de la alegría. Saboreando ahora la belleza de formar parte de la comunidad de Jesús, podéis contribuir para que crezca e invitar a otros a participar en ella. Permitidme también deciros que el Señor, cada día, también hoy, os llama para cosas grandes. Permaneced siempre abiertos a lo que os sugiere y si os llama a seguirlo por el camino del sacerdocio o de la vida consagrada ¡no le digáis que no! ¡Jesús os llenará siempre el corazón para toda la vida! Queridos jóvenes, os digo con fuerza: tended siempre a ideales elevados, sed santos!» 

Después de subrayar que ciertamente es posible ser santos, aun siendo tan jóvenes, el Papa evocó a Santo Domingo Savio y Santa María Goretti, haciendo hincapié en que «la santidad es el camino normal del cristiano y que no está reservado sólo para algunos elegidos, sino que está abierto para todos, naturalmente con la luz y la fuerza del Espíritu Santo». Y concluyó sus palabras encomendado a estos jóvenes amigos a la Madre de Dios, Madre Nuestra, para que custodie siempre la belleza de su ‘sí’ a Jesús, gran y fiel amigo de toda nuestra vida.  (CdM - RV)






















































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