miércoles, 31 de octubre de 2012

CITA CON LA VIDA EL 3 DE NOVIEMBRE

















Puentes & Redes os invita a seguir el programa del sábado 3 de Noviembre vía Radio María del Rosario Argentina FM 90.7 17hrs(HORA ARGENTINA) o vía internet para todo el mundo 17hrs(HORA CHILE) 15hrs(HORA PERÚ) 15hrs(HORA COLOMBIA) 15hrs(HORA MÉXICO) 21hrs(HORA ESPAÑA) 22hrs(HORA ROMA). 22hrs(HORA ALEMANIA) ingresando a la website: www.misionerosporlavida.org haciendo click en el logo de “Puentes & Redes”, el Tema que compartiremos es “SACERDOTES POR LA VIDA”. 

Estaremos enlazados en “Vivo”, desde Barcelona (España), con El P. Custodio Ballester Bielsa, auténtico apóstol de la vida, 48 años, Licenciado en Teología Fundamental, Párroco de la “Inmaculada Concepción de Hospitalet” desde hace 11 años http://pinmaculadalh.org/ y a la espera de la aprobación Pontificia de “PRIESTS FOR LIFE” para pertenecer a esta asociación con sede central en los Estados Unidos. 

Nos acompaña una vez más Tania Fernández, Presidenta de DERECHO A VIVIR BARCELONA http://www.derechoavivir.org/ DAV es la campaña masiva de información y concienciación sobre la realidad del aborto, nace el 4 de septiembre de 2008 cuando la entonces Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, anunció una ley del aborto libre. 

Con la participación de P. Custodio Ballester en “Puentes & Redes” quiere seguir contribuyendo en motivar, acompañar y orientar a los oyentes en Argentina y en toda América para unir nuestras fuerzas en la LUCHA INCANSABLE POR LA VIDA. 





.

sábado, 27 de octubre de 2012

EL "CEREBRO" DE ESPAÑA ESTÁ EN EL INTERIOR DE UNA CAPILLA DE BARCELONA

















Se trata del MareNostrum, el superordenador más potente de España, emplazado en Barcelona, concretamente, en la capilla de Torre Girona, junto al edificio del rectorado de la Universitat Politècnica (UPC). 

Sorprende encontrar un enorme cubo de cristal y acero lleno de procesadores y kilómetros y kilómetros de cable protegidos por un sistema de seguridad digno de una película de ciencia ficción junto a los capiteles de piedra y las vidrieras de colores de la capilla. 

El superordenador Mare Nostrum 2, que durante los últimos seis años ha prestado servicio a la comunidad científica y a más de cien empresas encabezadas por los sectores de la energía y la informática, ha muerto. En su lugar, se instalará el Mare Nostrum 3, que debe empezar a computar en noviembre y que será unas doce veces más potente. El nuevo superordenador, en el que se invertirán 22,7 millones de euros, dará a España una potencia de cálculo competitiva para volver a situarse en los primeros puestos mundiales en supercomputación. 

¿Para qué sirve el Mare Nostrum? 

Los superordenadores del Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS) han sido esenciales para desarrollar importantes proyectos de investigación tanto públicos como privados. Algunos de los más emblemáticos son: 

METEOROLOGÍA Y CLIMA 
El departamento de ciencias de la Tierra del BSC-CNS utiliza la supercomputación para mejorar la predicción meteorológica, los estudios de calidad del aire y las investigaciones sobre el clima. 

CUERPO HUMANO 
El departamento de ciencias de la vida puede estudiar, gracias al Mare Nostrum, cómo actúan las proteínas en el interior de las células y desarrollar proyectos de genómica. 

ENERGÍA EÓLICA 
El BSC y la compañía Iberdrola tienen una colaboración científica para mejorar el diseño de los molinos de viento a partir de simulaciones informáticas de la interacción entre los flujos de aire y las turbinas 

PETRÓLEO 
Repsol y el BSC han creado un centro de investigación conjunto para utilizar la supercomputación con el objetivo de mejorar la detección de depósitos de hidrocarburos y su explotación. 

SUPERCOMPUTACIÓN 
Algunas de las compañías líderes en el sector de los superordenadores, como IBM, Intel y Nvidia, tienen acuerdos de colaboración estable con el BSC para mejorar sus productos. 

INFORMÁTICA PERSONAL Microsoft y el BSC han creado un centro de investigación conjunto para mejorar la computación en ordenadores personales y dispositivos móviles. 













 (BSC/La Vanguardia)

DOMINGO 28 OCTUBRE 2012 - MISA EN DIRECTO DESDE LA CATEDRAL DE CÓRDOBA

















Este domingo, 28 de octubre, TVE se desplazará hasta Córdoba para emitir en directo la Misa que cada domingo preside D. Demetrio Fernández en la Santa Iglesia Catedral. 

Será a las 10:30 de la mañana cuando El día del Señor, programa religioso que retransmite la celebración de la Eucaristía desde diferentes parroquias de toda España, comience con un previo reportaje relacionado con San Juan de Ávila, grabado en la localidad de Montilla. Seguidamente, a las 10:40 horas, emitirán la celebración de la Misa desde la Catedral, presidida por Mons. Demetrio Fernández. Cantarán en la Misa el coro polifónico del Cabildo Catedral, dirigido por el canónigo Antonio Murillo y el organista Clemente Mata.

RTVE.ES permitirá a los usuarios seguir la ceremonia en directo a través del ordenador, móviles, tabletas y televisiones conectadas.


.

domingo, 21 de octubre de 2012

EN ESPAÑA YA HAY 27 IGLESIAS ABIERTAS LAS 24 HORAS DEL DÍA


Hay ya 27 iglesias en España abiertos las 24 horas del día. De madrugada hay que llamar a un timbre, como en las farmacias de guardia, y un voluntario te abre. La última en sumarse, una parroquia valenciana. 

Son las cuatro de la mañana. La temperatura no es mala, pero tampoco invita a salir a la calle un martes de labor. Los pasos de un hombre joven se unen a los sonidos de la noche. El eco de un ladrido lejano, un portal que se cierra, el cepillo de un camión de la limpieza que barre la calle... El solitario caminante se detiene ante las puertas de una iglesia y aprieta un timbre. “Adelante, eres bienvenido a la Casa de Dios”. El interior ténuemente iluminado acoge al feligrés en una atmósfera de paz, de recogimiento. Reina el silencio. Se respira sosiego. Tres personas más ocupan los bancos. Cada uno en un sitio diferente como peones en un tablero de ajedrez. “No importa la hora, aquí siempre hay gente rezando”, cuenta Miguel Villalba, párroco de la iglesia de San Martín, en el corazón de Valencia, la última que se ha sumado a la lista de templos abiertos 24 horas al día 365 días al año. 

En España ya son 27 iglesias las que no cierran nunca y como la oferta de esta especie de Opencor eclesiástico va ganando clientes, el número, sin duda, irá a más. ¿Cuál es su éxito? “Aquí ofrecemos un lugar para la oración a cualquier hora del día o de la noche, no hay límites. Está abierto para creyentes y los que no lo son. Solo se pide respeto y silencio”, explica Javier Taberner, un psicólogo de 33 años que dedica parte de su tiempo libre a coordinar a los llamados ‘adoradores perpetuos’, el grupo de voluntarios que se turnan para vigilar la capilla de sol a sol. 

Cada uno de los adoradores se compromete a estar allí presente al menos una hora a la semana. Vigilan, custodian a Dios y permanecen al servicio de los feligreses haciendo posible que quien lo desee pueda acercarse un sábado a las cuatro de la tarde… o a las cuatro de la mañana. De madrugada, eso sí, hay que tocar un timbre como en las farmacias de guardia. 

En esta iglesia valenciana se han apuntado casi 900. Hay lista de espera porque todos los turnos se cubrieron rápidamente. Los primeros, curiosamente, los más intempestivos: los que van entre la medianoche y la seis de la madrugada. Los más difíciles de cubrir, la sobremesa del fin de semana. La idea es que estos templos permanezcan abiertos hasta la noche de los tiempos…. O hasta que Dios quiera. Obviamente en estas capillas no hay sacerdotes que celebren misas ininterrumpidamente, sino que solo hay una custodia donde se expone la hostia consagrada, y varias Biblias, algunas en idiomas como el inglés, el polaco o el chino. 

Guardianes de noche 

Como centinelas que acompañan de madrugada a Cristo allí presente, los cuatro guardianes que esta noche ocupan los bancos de San Martín fijan su mirada ante el Santísimo. En la penumbra, oran intensamente sin mover los labios. Apenas seis horas antes, en esos mismos maderos se sentaban una docena de mujeres, algunas de ellas con carritos de la compra. La exitosa iniciativa pretende “no dejar nunca solo a Jesús” al tiempo que ofrece un remanso de paz siempre abierto para hablar con Dios. “Me gusta hacer un alto en el camino a casa y entrar a rezar un poco. Es mi momento más tranquilo del día. Salgo de aquí con más fuerza, más reconfortada, con las pilas del alma cargadas”, detalla María Jesús, un ama de casa que suele ‘escaparse’ a su particular gimnasio espiritual cuando sus dos hijos se van a la cama. 

También los jóvenes, esos que tanto preocupan al obispo Munilla “porque no creen en Dios”, están respondiendo a la iniciativa: “Una hora a la semana no es nada. Por no salir de fiesta un sábado por la noche no pasa absolutamente nada. Prefiero venir aquí. Me llena más. A mí me ayuda mucho”, dice Carlos, de 22 años, uno de los ‘adoradores’ voluntarios encargado de acudir a San Martín a las dos de la madrugada de los sábados. 

En España las iglesias con Adoración Eucarística Perpetua, que es como se llama este fenómeno religioso, se encuentran repartidas en varios puntos de norte a sur, de este a oeste, entre ellos Alicante, Barcelona, Benidorm, Bilbao, Burgos, Cáceres, Estepona, Elche, Getafe, Madrid, Murcia, Nules (Castellón), Oviedo, Palencia, Pamplona, San Sebastián, Sevilla, Toledo, Valencia, Vitoria y Zaragoza. Otras 2.500 capillas permanecen abiertas día y noche en el resto del mundo, la mitad en Estados Unidos. En la web de Adoración Eucarística Perpetua se puede obtener más información sobre sus características, y los lugares donde se encuentran estos templos. (http://adoracionperpetua.info/)











ABC


EL PAPA EXPRESA SU PREOCUPACIÓN POR LAS INUNDACIONES EN EL SANTUARIO DE LOURDES
















Este Vigésimo noveno Domingo del Tiempo Ordinario 21 de octubre , tras elevar al honor de los altares a los siete nuevos santos: Giacomo Berthieu, Pietro Calungsod, Giovanni Battista Piamarta, Maria Carmen Sullés y Barangueras, Marianna Cope, Caterina Tekakwitha y Anna Schaffer, y poco antes de pronunciar el rezo mariano del Angelus Domini, Benedicto XVI expresó su preocupación por el Santuario de Lourdes inundado a causa de la crecida del río Gave que corre frente a la gruta de las Apariciones de la Santísima Virgen. El Sucesor de Pedro pidió a la Virgen María reina de todos los Santos, su materna protección para los misioneros y misioneras, sacerdotes y laicos, que esparcen la Palabra de Dios, y dirigió un especial pensamiento al Sínodo de los Obispos que esta semana entra en su última fase de trabajos. Las lluvias torrenciales que han azotado en las últimas horas los pirineos franceses, han causado inundaciones en la ciudad, y en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, 500 peregrinos se han visto forzados a abandonar los albergues y encontrar refugio en otra parte. En particular, han sido evacuadas las casas y hoteles que se encuentran próximos al río Gave de Pau, cuya crecida ha ocasionado la inundación de la Gruta de Nuestra Señora de Lourdes. 

TEXTO PREVIO AL REZO MARIANO DEL ANGELUS DOMINI (21.10.2012) 

Antes de concluir esta celebración, dirijámonos a quien es la Reina de todos los santos, la Virgen María, con el pensamiento en Lourdes, azotada por la grave crecida del (río) Gave que ha inundado también la Gruta de las Apariciones de la Virgen. En particular, queremos hoy confiar a la materna protección de la Virgen María a los misioneros y las misioneras –sacerdotes, religiosos y laicos– que en todas partes del mundo esparcen la buena semilla del Evangelio. Oremos también por el Sínodo de los Obispos, que en estas semanas se está confrontando con el desafío de la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana.






.

LA NUEVA SANTA ESPAÑOLA, MARÍA CARMEN SALLÉS











El Papa Benedicto XVI ha proclamado siete nuevos 'santos' en la Plaza de San Pedro este domingo, entre ellos, a la monja española María Carmen Sallés y Barangueras (1848-1911), fundadora de las Religiosas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza. 

Benedicto XVI ha subrayado que Santa María del Carmelo Sallés y Barangueras, religiosa nacida en Vic en 1848, fundó en 1892 la Congregación de Religiosas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza y ha asegurado que "su obra educativa, confiada a la Virgen Inmaculada, sigue dando abundantes frutos entre la juventud a través de la entrega generosa de sus hijas, que como ella se encomiendan al Dios que todo lo puede". 

La delegación oficial española que ha acudido a la canonización ha estado presidida por el ministro del Interior, Jorge Fernández Diaz.

Durante la homilía, el Pontífice ha resaltado que "estos nuevos santos, diferentes por origen, lengua, nación y condición social, están unidos con todo el Pueblo de Dios en el misterio de la salvación de Cristo, el Redentor". 

Asimismo, el Papa ha recordado que este tercer domingo de octubre se celebra 'la Jornada Mundial de las Misiones' por lo que "la Iglesia las escucha con particular intensidad y reaviva la conciencia de vivir completamente en perenne actitud de servicio al hombre y al Evangelio, como Aquel que se ofreció a sí mismo hasta el sacrificio de la vida". 

En este sentido, ha destacado que la "feliz coincidencia entre la celebración de esta Asamblea y la Jornada Misionera" así como también "la Palabra de Dios" escuchada este domingo "resulta iluminadora" porque "muestra el estilo del evangelizador, llamado a dar testimonio y a anunciar el mensaje cristiano conformándose a Jesucristo, siguiendo su mismo camino". 

Este estilo evangelizador, según ha añadido Benedicto XVI "vale tanto para la misión ad gentes como para la nueva evangelización en las regiones de antigua tradición cristiana". 

El Papa ha saludado a las delegaciones oficiales y a los peregrinos que festejan a los siete nuevos santos, así como también a los cardenales y obispos que en estos días están participando en la Asamblea sinodal sobre la Nueva Evangelización. 

Por otra parte, el Pontífice ha señalado que los siete beatos que hoy la Iglesia inscribe solemnemente en el glorioso coro de los santos "con valentía heroica gastaron su existencia en una total consagración a Dios y en un generoso servicio a los hermanos" y ha agregado que "son hijos e hijas de la Iglesia, que escogieron el camino del servicio siguiendo al Señor". 

Además, ha remarcado que la canonización que ha celebrado "constituye una elocuente confirmación de esta misteriosa realidad salvadora" ya que "la tenaz profesión de fe de estos siete generosos discípulos de Cristo, su configuración al Hijo del hombre, resplandece hoy en toda la Iglesia". 

El Papa ha pedido, junto a los Padres sinodales procedentes de todo el mundo que "el testimonio de los nuevos santos, de su vida generosamente ofrecida por amor de Cristo, hable a toda la Iglesia, y su intercesión la fortalezca y la sostenga en su misión de anunciar el Evangelio al mundo entero". (Europa Press)





.

viernes, 19 de octubre de 2012

LA DELEGACIÓN ENVIADA POR BENEDICTO XVI VIAJARÁ A SIRIA LA PRÓXIMA SEMANA



















La delegación del Sínodo que viajará a Siria la próxima semana "llevará a la población que sufre el consuelo del Santo Padre y de los obispos de todo el mundo, para dar testimonio de cercanía y expresar nuestra proximidad" ante la situación que están viviendo. No llevamos una solución política, esto lo dejamos a los que se deben ocupar de ello. Nosotros iremos allí "para ser partícipes de una obra de caridad" y de una obra espiritual de confortación. Lo afirmó el Cardenal Laurent Mosengwo Pasinya, arzobispo de Kinshasa, que guiará junto con los cardenales Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York, y Jean-Louis Tauran, Presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, la delegación de los Padres sinodales que visitarán Siria, por decisión de Benedicto XVI.

El cardenal Tauran, por su parte, precisó, a nuestra emisora (Radio Vaticano), que la Iglesia Católica, aún no teniendo una receta, quiere "animar a todos los que están colaborando en la búsqueda de una solución para Siria, que solo puede "ser política "." Queremos expresar también la solidaridad humana -aseguró el cardenal Tauran- a las familias que están sufriendo tanto. Pensamos especialmente en las personas marginadas, los ancianos, los enfermos. "Para ellos, reveló el cardenal francés, llevamos "una contribución financiera de parte de los padres sinodales y también la solidaridad " a nuestros hermanos espirituales cristianos que tienen necesidad de escuchar, como en una familia, el afecto y las oraciones de toda la familia de la Iglesia".

"La noticia de que una delegación del Sínodo de los Obispos viajará de Roma a Damasco la próxima semana es "un motivo de esperanza para los cristianos y para todos los habitantes de este país. Todos esperamos que la visita asuma un perfil de una verdadera y propia misión de paz, para pedir la reconciliación entre las partes que se combaten ferozmente". Esta es la declaración a la agencia Fides del arzobispo armenio-católico de Aleppo, Boutros Marayati, que invita “a no hacer una lectura superficial y engañosa” de esta visita de los padres sinodales.










 (ER – RV)

EL PAPA JUAN PABLO I DA UN PASO MÁS HACIA LOS ALTARES

EL GOBIERNO CHINO HA IMPEDIDO A LOS OBISPO SALIR DEL PAÍS PARA PARTICIPAR EN EL SÍNODO DE LOS OBISPOS

"EL CUSTODIO DE LA VIDA EN BARCELONA" ANALIZA PROGRESOS CONTRA EL ABORTO



La Gaceta nos daba anteayer los buenos días con este titular: “ El gerente del Hospital Sant Pau dice que el arzobispado permite abortar ”. No parece muy bien intencionada esta noticia. En primer lugar, porque puesto que el arzobispado no “manda” en el hospital, no está en condiciones ni de permitir ni de prohibir. Otra cosa es el consentir. La noticia que ha dado lugar a este titular, es la que sigue: 

El nuevo gerente del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau , Xavier Corbella, conocido gestor sanitario, especialista en medicina interna y profesor de la Universidad Internacional de Cataluña (UIC), declaró a Europa Press que en ese centro se realizan “interrupciones médicas del embarazo en situaciones extremas” con el beneplácito de la representación eclesiástica en el patronato. Para estos casos, el gerente inventó un nuevo término, el de “ interrupciones médicas del embarazo ” –‘aborto médico'-, para distinguirlo de lo que llama “ interrupciones voluntarias ”, que serían las que este hospital ya no practica. 

Según un protocolo interno, el Hospital de Sant Pau realiza abortos “en el caso de enfermedades maternas graves en las que el embarazo puede ser, con alta probabilidad, la causante de un desenlace fatal, justificado con informes detallados y apoyados por literatura científica actualizada”. También se realizaría el aborto en casos de “ anomalía fetal ” que de forma altamente frecuente se asocie con una muerte fetal o neonatal a corto plazo, y también “en aquellos casos de dolencias graves e incurables en las que el desarrollo neurológico impida una vida consciente y de relación con probabilidad de dependencia extrema y persistente”. 

Según el nuevo gerente del Sant Pau, el Arzobispado admite esos abortos: “Este centro no practica la interrupción voluntaria porque tiene esta condición de que en el patronato está la Iglesia y, por tanto, se acoge a la objeción”. Lo que suena sumamente raro es que la Iglesia objete la “interrupción voluntaria del embarazo” (se entiende que por razones doctrinales) y que sin embargo “admita” (no en virtud del magisterio de la Iglesia, sino acogiéndose a la doctrina eugenésica del Instituto Borja) esos abortos que bajo el neologismo de “interrupciones médicas del embarazo” engloban abortos inequívocamente eugenésicos. 

Se ha elaborado pues un protocolo de derivación de las interrupciones voluntarias del embarazo (IVE), después de que el Patronato, en que se encuentra el Arzobispado , aprobara prohibir los abortos voluntarios, si bien acepta (según afirma el gerente del hospital) "interrupciones médicas del embarazo" en situaciones extremas; es decir el “aborto médico”. 

La derivación de casos voluntarios a otros hospitales de la capital catalana ha generado malestar entre los profesionales del servicio de ginecología de los citados centros, tanto por ver aumentada su carga de trabajo como por el hecho de convertirse en centros de referencia en cuestión de aborto, título con el que no se sienten honrados ni los centros ni los profesionales sanitarios, han explicado médicos a Europa Press. 

Preguntado por la cuestión, el Arzobispado se ha remitido a la Consideración del embrión humano, emitida por el Institut Borja de Bioètica de la Universitat Ramon Llull (URL) que entiende sobre situaciones graves extremas. De hecho, el texto del Institut señala: " En caso de conflicto grave, estamos a favor de la decisión responsable - cualquiera que sea, al aborto también - y tomada en conciencia por parte de los afectados" (¿Y cómo toma esa decisión responsable el más afectado de todos, que es el “moriturus”?) . El Instituto admite que en caso de despenalización de la interrupción del embarazo en ciertos supuestos de conflicto grave que hacen prever un futuro de dolor y sufrimiento para los implicados, se comprende la práctica abortiva como un gesto de comprensión y acogida hacia las personas que se encuentran en circunstancias difíciles, concluye. Esperamos que el señor cardenal no se vea en la tesitura de tener que explicar públicamente esta doctrina. 

Hasta aquí los hechos. Parece evidente que en el Hospital de Sant Pau el aborto provocado no se trata con tanta fluidez y desparpajo como anteriormente. Abortos “limitados a casos extremadamente graves”, objeción de conciencia… Sin embargo, permítanme una suspicacia: desde hace dos años, cuando se inició la campaña de denuncia pública, la actitud del hospital ha sido la de negar taxativamente la práctica de abortos. Si antes no reconocían abortos y los hacían, ahora que los reconocen para casos que consideran “extremos” -con la manga ancha que siempre han demostrado-, ¿cuántos no harán que se salgan de la calificación de “extremos”? 

El cardenal está claramente posicionado contra el aborto, de eso no me cabe la menor duda; por eso pongo en tela de juicio el titular de la Gaceta, que nos lo presenta como “autorizando” unas determinadas categorías de abortos en el hospital de San Pablo. Ciertamente parece que no sabe qué hacer para evitarlos; pero de ahí a “permitirlos” va un gran trecho. Con toda seguridad ha realizado gestiones, ha intentado influir en el patronato, pero la tensión que una posición firme puede crear le ha llevado a adoptar un perfil tan bajo que al menos en apariencia roza el abstencionismo. 

Pero es de justicia reconocerle que algo está cambiando gracias a su actuación ante las autoridades políticas y ante la gerencia del hospital. No es suficiente, claro que no; pero no es poco. La presión de la calle, de los medios y del cardenal han hecho que en el hospital de san Pablo no se sientan con el aborto tan ufanos como antes. Hoy no les queda más remedio que ser sumamente restrictivos y cautos. Y pidiendo perdón por los abortos que practican y que presentan como de casos extremos e inevitables. Y de rebote han conseguido que los demás hospitales públicos manifiesten que tampoco ellos se siente especialmente orgullosos por ser catalogados como hospitales de referencia para el aborto. Es la actitud ante el aborto la que está cambiando; es la conciencia colectiva, que es hoy menos abortista que hace unos años. Entre todos estamos empujando este cambio: también el cardenal ha puesto mucho de su parte. ¿Que puede hacer aún mucho más? ¿Que también nosotros podemos y debemos hacer aún más hasta alcanzar el aborto cero? No nos cabe la menor duda. Y confiamos que con la ayuda de Dios seguiremos avanzando en el camino iniciado. 


Custodio Ballester Bielsa, pbro.





.

jueves, 11 de octubre de 2012

¿QUÉ ES "DECLAUSURA.COM?


















¿Cómo nace declausura.com ? 

Es una iniciativa de la Fundación Summa Humanitate cuya misión es contribuir a la labor social y pastoral de la Iglesia, ayudando a mantener su presencia en la sociedad actual. 

¿Cuál es su misión? 

Apoyar a las comunidades de vida contemplativa y reflejar la belleza de esta silenciosa realidad de la Iglesia.  

¿En que consiste? 

La Fundación Summa Humanitate ha hecho posible que cientos de monjas de clausura de todo el país, que dedican su vida a la oración y los trabajos artesanales, puedan ofrecer sus productos por Internet. 

Las yemas y dulces de las Clarisas, la ropa de bebé y las canastillas de las Carmelitas, las encuadernaciones y papelería de las Domninicas; los licores de los Mercedarios Descalzos, o las figuras religiosas de la Hermanas de Belén, todo eso y mucho más al alcance de cualquier persona sin necesidad de tener que desplazarse hasta las comunidades de vida contemplativa. 

Son más de 200 productos elaborados de manera absolutamente artesanal en algunos de los 950 conventos de clausura de toda España y con los que las monjas y religiosos financian sus comunidades. 

CUSTODIOS DE SAN PEDRO felicita a la Fundación Summa Humanitate por tan brillante iniciativa. Hemos tenido el privilegio de deleitarnos con algunos de los productos que ofrecen y podemos dar fe de su excelente calidad. 

Para Custodios de San Pedro es un honor colaborar en la difusión del portal www.declausura.com 


¡ÁNIMATE A VISITARLO Y APOYA A LAS COMUNIDADES DE VIDA CONTEMPLATIVA!













.

DISCURSO DE LA LUNA - 50º ANIVERSARIO CONCILIO VATICANO II



El 11 de octubre de 1962, con el ingreso solemne de los padres conciliares en la basílica de San Pedro, se inauguró el concilio Vaticano II. Juan XXIII había fijado para ese día el inicio del concilio con la intención de encomendar la gran asamblea eclesial que había convocado a la bondad maternal de María, y de anclar firmemente el trabajo del concilio en el misterio de Jesucristo. Aquella noche, mas de cien mil personas se congregaron en la plaza San Pedro llevando antorchas; esta celebración espontánea era una elocuente imagen de la Iglesia pueblo de Dios. Mons. Capovilla invitó al Papa a mirar a través de las cortinas. El Pontífice se asomó y quedó sobrecogido. "Abre la ventana, daré la bendición, pero no hablaré", le dijo a su secretario. Los reflectores de la plaza estaban apagados porque no se preveía ninguna celebración, pero el gran murmullo y las luces de las velas y de las antorchas que se levantaron al aparecer el Santo Padre indicaban la presencia de una gran multitud. Entonces Juan XXIII, iluminado por la luz del pueblo de Dios y bajo una esplendida luna de octubre, improvisó aquel famoso discurso que completó aquel día memorable. 

Mensaje del beato Juan XXIII en el “discurso de la luna”. 11 octubre de 1962:

"Queridos hijitos, escucho sus voces. La mía es una sola voz, pero resume la voz del mundo entero; de hecho, todo el mundo está representado aquí. Se diría que ¡hasta la luna se ha apurado esta noche para observar este espectáculo que ni siquiera la basílica de San Pedro que tiene cuatro siglos de historia ha podido contemplar. Mi persona no cuenta nada. El que les habla hoy es un hermano, convertido en Padre por la voluntad de nuestro Señor. Pero todos juntos, paternidad y fraternidad son gracia de Dios. Hagamos honor a la impresión de esta noche y que sean siempre nuestros sentimientos como ahora los manifestamos delante del cielo y de la tierra. Fe, esperanza y caridad. Amor de Dios, amor de los hermanos, y así todos juntos ayudamos a la santa paz del Señor, a las obras de bien. Al volver a sus casas encontrarán a sus niños. Dénles una caricia a sus niños y díganles: ‘ésta es la caricia del papa’. Quizás encuentren alguna lágrima para enjugar. Digan a los que sufren una palabra de aliento. Sepan los afligidos que el Papa está con sus hijos, especialmente en las horas del dolor y de la amargura. En fin, recordemos todos el vínculo del amor y, cantando o llorando, pero siempre llenos de confianza en Cristo que nos ayuda y escucha, sigamos serenos y confiados en nuestro camino." 










 (RC-RV)

ASÍ HA COMENZADO EL "AÑO DE LA FE"



Esta mañana a las 10.00, el Papa Benedicto XVI ha presidido en la plaza de san Pedro, ante la fachada de la Basílica Vaticana, la Santa Misa de apertura del Año de la Fe, que el Pontífice ha proclamado en ocasión del 50 aniversario de inicio del Concilio Vaticano II, que abría sus puertas en un día como hoy de 1962. Aquella solemne ceremonia ha recordado en tantos aspectos la de esta mañana, en la que han participado, el patriarca ortodoxo de Constantinopla, el arzobispo anglicano de Canterbury, patriarcas y arzobispos mayores de las Iglesias católicas Orientales, presidentes de las Conferencias Episcopales, cardenales y obispos de todo el mundo, muchos de ellos llegados al Vaticano, donde se está celebrando el Sínodo de los obispos sobre el tema de la Nueva Evangelización. 

En su homilía Benediucto XVI ha invitado “a entrar más profundamente en el movimiento espiritual” que caracterizó aquel gran Concilio, “para hacerlo nuestro y realizarlo en su verdadero sentido”, volver a las verdaderas enseñanzas que nos dejó, “redescubrir la belleza de la fe en Cristo”, “la fe apostólica, animada por el impulso interior de comunicar a Cristo a todos y a cada uno de los hombres durante la peregrinación de la Iglesia por los caminos de la historia”. (ER – RV) 

Hoy es más necesario, que hace 50 años, anunciar a Cristo, alegría y esperanza que libera del pesimismo en el desierto de un mundo sin Dios. Con esta exhortación, Benedicto XVI inauguró el Año de la Fe: 

«Venerables hermanos, queridos hermanos y hermanas 

Hoy, con gran alegría, a los 50 años de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, damos inicio al Año de la fe». Inaugurando de forma solemne este Año - que concluirá el 24 de noviembre de 2013, Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo - Benedicto XVI señaló los signos que enriquecieron esta celebración: la procesión de entrada, que recordó la de los Padres conciliares en la Basílica de San Pedro; la entronización del Evangeliario, copia del que se utilizó durante el Concilio; y la entrega de los siete mensajes finales del Concilio y del Catecismo de la Iglesia Católica, que iba a hacer antes de la bendición. 

Más allá de ser una conmemoración, el Año de la fe que el Papa acaba de inaugurar - como explicó él mismo - está vinculado coherentemente con todo el camino de la Iglesia en los últimos 50 años: desde el Concilio, mediante el magisterio del siervo de Dios Pablo VI, que convocó un «Año de la fe» en 1967, hasta el Gran Jubileo del 2000, con el que el beato Juan Pablo II propuso de nuevo a toda la humanidad a Jesucristo como único Salvador, ayer, hoy y siempre:

«El evangelio de hoy nos dice que Jesucristo, consagrado por el Padre en el Espíritu Santo, es el verdadero y perenne protagonista de la evangelización. El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres» (Lc 4,18). Esta misión de Cristo, este dinamismo suyo continúa en el espacio y en el tiempo, atraviesa los siglos y los continentes. Es un movimiento que parte del Padre y, con la fuerza del Espíritu, lleva la buena noticia a los pobres en sentido material y espiritual».

Tras reiterar que la Iglesia es el instrumento principal y necesario de esta obra de Cristo, el Papa recordó la emocionante tensión conciliar en hacer «resplandecer la verdad y la belleza de la fe en nuestro tiempo, sin sacrificarla a las exigencias del presente, ni encadenarla al pasado». Y con el anhelo de reavivar esa tensión en toda la Iglesia para volver a anunciar a Cristo al hombre contemporáneo y que la nueva evangelización no se quede solamente en un ideal, ni caiga en la confusión, Benedicto XVI recordó la importancia de los documentos conciliares. 

El Concilio no propuso nada nuevo en materia de fe, ni quiso sustituir lo antiguo, sino que se preocupó de que dicha fe siga viviéndose hoy, en un mundo en transformación, planteamiento que el beato Juan XXIII dio al Vaticano II y que se debe actualizar durante este Año de la fe, en diálogo con el mundo moderno: 

«¡Si hoy la Iglesia propone un nuevo Año de la fe y la nueva evangelización, no es para conmemorar una efeméride, sino porque hay necesidad, todavía más que hace 50 años!». 

Ante el aumento de la «desertificación» espiritual y las trágicas páginas de historia que nos muestran lo que es un mundo sin Dios, ante el vacío que se ha difundido hoy, Benedicto XVI alentó a testimoniar la esperanza cristiana, afianzada en la alegría de la fe, que libera del pesimismo: 

«Pero precisamente a partir de la experiencia de este desierto, de este vacío, es como podemos descubrir nuevamente la alegría de creer, su importancia vital para nosotros, hombres y mujeres. En el desierto se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa. Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza. La fe vivida abre el corazón a la Gracia de Dios que libera del pesimismo. Hoy más que nunca evangelizar quiere decir dar testimonio de una vida nueva, trasformada por Dios, y así indicar el camino». 

Representando este Año de la fe: como una peregrinación en los desiertos del mundo contemporáneo, llevando consigo solamente lo que es esencial, es decir el Evangelio y la fe de la Iglesia, que el Concilio Ecuménico Vaticano II expresa luminosamente, así como el Catecismo de la Iglesia Católica, publicado hace 20 años, el Papa concluyó su homilía invocando el amparo de la Virgen, Madre de Dios y de la Iglesia: 

«Venerados y queridos hermanos, el 11 de octubre de 1962 se celebraba la fiesta de María Santísima, Madre de Dios. Le confiamos a ella el Año de la fe, como lo hice hace una semana, peregrinando a Loreto. La Virgen María brille siempre como estrella en el camino de la nueva evangelización. Que ella nos ayude a poner en práctica la exhortación del apóstol Pablo: «La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente… Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él» (Col 3,16-17). Amén» (CdM - RV) 

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA DEL SANTO PADRE INICIO DEL AÑO DE LA FE 50 AÑOS DE LA INAUGURACIÓN DEL VATICANO II 

Venerables hermanos, queridos hermanos y hermanas 

Hoy, con gran alegría, a los 50 años de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, damos inicio al Año de la fe. Me complace saludar a todos, en particular a Su Santidad Bartolomé I, Patriarca de Constantinopla, y a Su Gracia Rowan Williams, Arzobispo de Canterbury. Un saludo especial a los Patriarcas y a los Arzobispos Mayores de las Iglesias Católicas Orientales, y a los Presidentes de las Conferencias Episcopales. Para rememorar el Concilio, en el que algunos de los aquí presentes – a los que saludo con particular afecto – hemos tenido la gracia de vivir en primera persona, esta celebración se ha enriquecido con algunos signos específicos: la procesión de entrada, que ha querido recordar la que de modo memorable hicieron los Padres conciliares cuando ingresaron solemnemente en esta Basílica; la entronización del Evangeliario, copia del que se utilizó durante el Concilio; y la entrega de los siete mensajes finales del Concilio y del Catecismo de la Iglesia Católica, que haré al final, antes de la bendición. Estos signos no son meros recordatorios, sino que nos ofrecen también la perspectiva para ir más allá de la conmemoración. Nos invitan a entrar más profundamente en el movimiento espiritual que ha caracterizado el Vaticano II, para hacerlo nuestro y realizarlo en su verdadero sentido. Y este sentido ha sido y sigue siendo la fe en Cristo, la fe apostólica, animada por el impulso interior de comunicar a Cristo a todos y a cada uno de los hombres durante la peregrinación de la Iglesia por los caminos de la historia. 

El Año de la fe que hoy inauguramos está vinculado coherentemente con todo el camino de la Iglesia en los últimos 50 años: desde el Concilio, mediante el magisterio del siervo de Dios Pablo VI, que convocó un «Año de la fe» en 1967, hasta el Gran Jubileo del 2000, con el que el beato Juan Pablo II propuso de nuevo a toda la humanidad a Jesucristo como único Salvador, ayer, hoy y siempre. Estos dos Pontífices, Pablo VI y Juan Pablo II, convergieron profunda y plenamente en poner a Cristo como centro del cosmos y de la historia, y en el anhelo apostólico de anunciarlo al mundo. Jesús es el centro de la fe cristiana. El cristiano cree en Dios por medio de Jesucristo, que ha revelado su rostro. Él es el cumplimiento de las Escrituras y su intérprete definitivo. Jesucristo no es solamente el objeto de la fe, sino, como dice la carta a los Hebreos, «el que inició y completa nuestra fe» (12,2). El evangelio de hoy nos dice que Jesucristo, consagrado por el Padre en el Espíritu Santo, es el verdadero y perenne protagonista de la evangelización: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres» (Lc 4,18). Esta misión de Cristo, este dinamismo suyo continúa en el espacio y en el tiempo, atraviesa los siglos y los continentes. Es un movimiento que parte del Padre y, con la fuerza del Espíritu, lleva la buena noticia a los pobres en sentido material y espiritual. La Iglesia es el instrumento principal y necesario de esta obra de Cristo, porque está unida a Él como el cuerpo a la cabeza. «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» (Jn 20,21). Así dice el Resucitado a los discípulos, y soplando sobre ellos, añade: «Recibid el Espíritu Santo» (v. 22). Dios por medio de Jesucristo es el principal artífice de la evangelización del mundo; pero Cristo mismo ha querido transmitir a la Iglesia su misión, y lo ha hecho y lo sigue haciendo hasta el final de los tiempos infundiendo el Espíritu Santo en los discípulos, aquel mismo Espíritu que se posó sobre él y permaneció en él durante toda su vida terrena, dándole la fuerza de «proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista»; de «poner en libertad a los oprimidos» y de «proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19). 

El Concilio Vaticano II no ha querido incluir el tema de la fe en un documento específico. Y, sin embargo, estuvo completamente animado por la conciencia y el deseo, por así decir, de adentrase nuevamente en el misterio cristiano, para proponerlo de nuevo eficazmente al hombre contemporáneo. A este respecto se expresaba así, dos años después de la conclusión de la asamblea conciliar, el siervo de Dios Pablo VI: «Queremos hacer notar que, si el Concilio no habla expresamente de la fe, habla de ella en cada página, al reconocer su carácter vital y sobrenatural, la supone íntegra y con fuerza, y construye sobre ella sus enseñanzas. Bastaría recordar [algunas] afirmaciones conciliares… para darse cuenta de la importancia esencial que el Concilio, en sintonía con la tradición doctrinal de la Iglesia, atribuye a la fe, a la verdadera fe, a aquella que tiene como fuente a Cristo y por canal el magisterio de la Iglesia» (Audiencia general, 8 marzo 1967). Así decía Pablo VI. 

Pero debemos ahora remontarnos a aquel que convocó el Concilio Vaticano II y lo inauguró: el beato Juan XXIII. En el discurso de apertura, presentó el fin principal del Concilio en estos términos: «El supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado de forma cada vez más eficaz… La tarea principal de este Concilio no es, por lo tanto, la discusión de este o aquel tema de la doctrina… Para eso no era necesario un Concilio... Es preciso que esta doctrina verdadera e inmutable, que ha de ser fielmente respetada, se profundice y presente según las exigencias de nuestro tiempo» (AAS 54 [1962], 790. 791-792). 

A la luz de estas palabras, se comprende lo que yo mismo tuve entonces ocasión de experimentar: durante el Concilio había una emocionante tensión con relación a la tarea común de hacer resplandecer la verdad y la belleza de la fe en nuestro tiempo, sin sacrificarla a las exigencias del presente ni encadenarla al pasado: en la fe resuena el presente eterno de Dios que trasciende el tiempo y que, sin embargo, solamente puede ser acogido por nosotros en el hoy irrepetible. Por esto mismo considero que lo más importante, especialmente en una efeméride tan significativa como la actual, es que se reavive en toda la Iglesia aquella tensión positiva, aquel anhelo de volver a anunciar a Cristo al hombre contemporáneo. Pero, con el fin de que este impulso interior a la nueva evangelización no se quede solamente en un ideal, ni caiga en la confusión, es necesario que ella se apoye en una base concreta y precisa, que son los documentos del Concilio Vaticano II, en los cuales ha encontrado su expresión. Por esto, he insistido repetidamente en la necesidad de regresar, por así decirlo, a la «letra» del Concilio, es decir a sus textos, para encontrar también en ellos su auténtico espíritu, y he repetido que la verdadera herencia del Vaticano II se encuentra en ellos. La referencia a los documentos evita caer en los extremos de nostalgias anacrónicas o de huidas hacia adelante, y permite acoger la novedad en la continuidad. El Concilio no ha propuesto nada nuevo en materia de fe, ni ha querido sustituir lo que era antiguo. Más bien, se ha preocupado para que dicha fe siga viviéndose hoy, para que continúe siendo una fe viva en un mundo en transformación. Si sintonizamos con el planteamiento auténtico que el beato Juan XXIII quiso dar al Vaticano II, podremos actualizarlo durante este Año de la fe, dentro del único camino de la Iglesia que desea continuamente profundizar en el depisito de la fe que Cristo le ha confiado. Los Padres conciliares querían volver a presentar la fe de modo eficaz; y sí se abrieron con confianza al diálogo con el mundo moderno era porque estaban seguros de su fe, de la roca firme sobre la que se apoyaban. En cambio, en los años sucesivos, muchos aceptaron sin discernimiento la mentalidad dominante, poniendo en discusión las bases mismas del depositum fidei, que desgraciadamente ya no sentían como propias en su verdad. 

Si hoy la Iglesia propone un nuevo Año de la fe y la nueva evangelización, no es para conmemorar una efeméride, sino porque hay necesidad, todavía más que hace 50 años. Y la respuesta que hay que dar a esta necesidad es la misma que quisieron dar los Papas y los Padres del Concilio, y que está contenida en sus documentos. También la iniciativa de crear un Consejo Pontificio destinado a la promoción de la nueva evangelización, al que agradezco su especial dedicación con vistas al Año de la fe, se inserta en esta perspectiva. En estos decenios ha aumentado la «desertificación» espiritual. Si ya en tiempos del Concilio se podía saber, por algunas trágicas páginas de la historia, lo que podía significar una vida, un mundo sin Dios, ahora lamentablemente lo vemos cada día a nuestro alrededor. Se ha difundido el vacío. Pero precisamente a partir de la experiencia de este desierto, de este vacío, es como podemos descubrir nuevamente la alegría de creer, su importancia vital para nosotros, hombres y mujeres. En el desierto se vuelve a descubrir el valor de lo que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa. Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida y de esta forma mantengan viva la esperanza. La fe vivida abre el corazón a la Gracia de Dios que libera del pesimismo. Hoy más que nunca evangelizar quiere decir dar testimonio de una vida nueva, trasformada por Dios, y así indicar el camino. La primera lectura nos ha hablado de la sabiduría del viajero (cf. Sir 34,9-13): el viaje es metáfora de la vida, y el viajero sabio es aquel que ha aprendido el arte de vivir y lo comparte con los hermanos, como sucede con los peregrinos a lo largo del Camino de Santiago, o en otros caminos, que no por casualidad se han multiplicado en estos años. ¿Por qué tantas personas sienten hoy la necesidad de hacer estos caminos? ¿No es quizás porque en ellos encuentran, o al menos intuyen, el sentido de nuestro estar en el mundo? Así podemos representar este Año de la fe: como una peregrinación en los desiertos del mundo contemporáneo, llevando consigo solamente lo que es esencial: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni dos túnicas, como dice el Señor a los apóstoles al enviarlos a la misión (cf. Lc 9,3), sino el evangelio y la fe de la Iglesia, de los que el Concilio Ecuménico Vaticano II son una luminosa expresión, como lo es también el Catecismo de la Iglesia Católica, publicado hace 20 años. 

Venerados y queridos hermanos, el 11 de octubre de 1962 se celebraba la fiesta de María Santísima, Madre de Dios. Le confiamos a ella el Año de la fe, como lo hice hace una semana, peregrinando a Loreto. La Virgen María brille siempre como estrella en el camino de la nueva evangelización. Que ella nos ayude a poner en práctica la exhortación del apóstol Pablo: «La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente… Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él» (Col 3,16-17). Amén .










.

miércoles, 10 de octubre de 2012

¿QUÉ ES EL CONCILIO VATICANO II?

ESPECIAL "50º ANIVERSARIO CONCILIO VATICANO II"

ANGELUS 10/10/2012 (TEXTO EN ESPAÑOL)



El Santo Padre Benedicto XVI celebró esta mañana a las 10,30 en la Plaza de San Pedro la tradicional audiencia general de los miércoles a la que asistieron varios miles de peregrinos de numerosos países.

A partir de esta audiencia, además de los locutores habituales en las diversas lenguas se ha incluido uno en árabe, en continuidad con el reciente viaje apostólico a El Líbano, y con la publicación de la Exhortación postsinodal Ecclesia in Medio Oriente dado que el Papa desea manifestar de este modo su incesante interés y apoyo a los cristianos de Oriente Medio, y recordar a todos el deber de rezar y comprometerse por la paz en esta región. 

Hablando en italiano el Obispo de Roma recordó que estamos en vísperas de la celebración de los cincuenta años de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II y del inicio del Año de la fe. Por esta razón explicó que con esta catequesis desea comenzar a reflexionar, con algunos breves pensamientos, sobre el gran evento de la Iglesia que ha sido el Concilio, y del que él mismo ha sido un testigo directo. 

El Papa también afirmó que el Concilio se nos presenta como “un gran fresco, pintado en su gran multiplicidad y variedad de elementos, bajo la guía del Espíritu Santo”, por lo que como cuando se está frente a un gran cuadro, desde aquel momento de gracia, también hoy seguimos tomando su extraordinaria riqueza y redescubriendo paisajes y fragmentos particulares. 

Así resumió Benedicto XVI estos conceptos en nuestro idioma tras agradecer el canto a la Guadalupana que le dedicaron diversos fieles: 

Queridos hermanos y hermanas: 

En la vigilia en que celebramos los cincuenta años de la apertura del Concilio Vaticano Segundo y el inicio del Año de la fe deseo hablar de este gran evento eclesial. Los documentos conciliares son una brújula que permite a la barca de la Iglesia navegar en mar abierto, en medio de las tempestades o de la calma, para llegar a la meta. Debemos aprender las lecciones más simples y fundamentales del Concilio, a saber: que el cristianismo en su esencia consiste en la fe en Dios y en el encuentro con Cristo, que orienta y guía la vida. Lo más importante hoy, como era el deseo de los Padres conciliares, es que se vea, de nuevo, con claridad, que Dios está presente, nos mira, nos responde; y que, por el contrario, cuando falta la fe en Él, cae lo que es esencial, porque el hombre pierde su dignidad. El Concilio recuerda que la Iglesia tiene el mandato de transmitir la palabra del amor de Dios que salva, para que sea escuchada y acogida aquella llamada divina que contiene en sí las bienaventuranzas eternas. El Concilio es una fuerte invitación a redescubrir cada día la belleza de la fe y a conocerla de modo profundo, para una más intensa relación con el Señor y a vivir auténticamente la vocación cristiana. 

Benedicto XVI empezó en esta catequesis una reflexión sobre el Concilio Vaticano II, recordando su intensa vivencia, de joven teólogo, que calificó de «experiencia única», en la que pudo ver una «Iglesia viva – casi tres mil Padres conciliares de todo el mundo reunidos y guiados por el Sucesor del Apóstol Pedro», «un gran fresco, pintado en su gran multiplicidad y variedad de elementos, bajo la guía del Espíritu Santo, cuya extraordinaria riqueza seguimos percibiendo aún hoy». 

Tras evocar los Concilios que se han sucedido en la historia de la Iglesia, el Papa se detuvo en el Concilio Ecuménico Vaticano II, destacando las figuras del Beato Juan XXIII y del Siervo de Dios Pablo VI, así como el impulso dado por el Beato Juan Pablo II al magisterio conciliar. En particular, Benedicto XVI citó las 4 Constituciones, puntos cardinales que guían en este tiempo marcado por el olvido de Dios y la sordera ante su palabra de amor a la humanidad: 

«Mirando en esta luz la riqueza contenida en los documentos del Vaticano II, quisiera nombrar sólo las cuatro Constituciones, casi cuatro puntos cardinales de la brújula capaz de orientarnos. La Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium nos indica cómo en la Iglesia en primer lugar está la adoración, está Dios, está la centralidad del misterio de la presencia de Cristo. Y la Iglesia, cuerpo de Cristo y pueblo que peregrina en el tiempo, tiene la tarea fundamental de glorificar a Dios, como expresa la Constitución dogmática Lumen gentium. El tercer documento que quisiera citar es la Constitución sobre la divina Revelación Dei Verbum: la Palabra viva de Dios convoca a la Iglesia y la vivifica a lo largo de todo su camino en la historia. Y el modo en que la Iglesia lleva al mundo entero la luz que ha recibido de Dios para que sea glorificado, es el tema de fondo de la Constitución pastoral Gaudium et spes». 

Al Saludar en nuestro idioma a los peregrinos procedentes de América Latina y de España el Papa pidió a la Virgen María que nos ayude a llevar a plenitud el deseo de los Padres conciliares con las siguientes palabras:  

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles provenientes de España, México, Costa Rica, Argentina, Paraguay, Perú, Guatemala, Colombia, Chile y otros países latinoamericanos. Que la Virgen María, Madre de Cristo y de toda la Iglesia, nos ayude a llevar a plenitud el deseo de los Padres conciliares: que todos puedan conocer el Evangelio y encontrar al Señor Jesús como Camino, Verdad y Vida. Muchas gracias. 






 (Cecilia de Malak y María Fernanda Bernasconi – RV).

INMINENTE APERTURA DEL "AÑO DE LA FE"

















"Para dar renovado impulso a la misión de toda la Iglesia de conducir a los hombres fuera del desierto en el que a menudo se encuentran hacia el lugar de la vida, la amistad con Cristo que nos da su vida en plenitud", cardenales, obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos, laicos y peregrinos se darán cita este 11 de octubre en el Corazón de la Iglesia Universal, la Plaza de San Pedro, para acompañar a Benedicto XVI en la Celebración Eucarística con la que abrirá el Año de la Fe. 

El 16 de octubre de 2011 en la clausura de los trabajos del Primer Encuentro internacional de los Nuevos Evangelizadores, organizado por el Pontificio Consejo para la promoción de la nueva evangelización -el dicasterio instituido en septiembre de 2010 mediante la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio: Ubicumque et Semper, y cuyo presidente es Mons. Salvatore Rino Fisichella; el Sucesor de Pedro, al final de su homilía hacía el feliz anuncio: “Quisiera anunciar en esta Celebración eucarística que he decidido declarar un 'Año de la fe' que ilustraré con una especial Carta apostólica. Este 'Año de la fe' empezará el 11 de octubre del 2012, en el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará el 24 de noviembre del 2013, Solemnidad de Cristo Rey del Universo. Será un momento de gracia y de compromiso por una conversión a Dios cada vez más plena, para reforzar nuestra fe en Él y para anunciarlo con alegría al hombre de nuestro tiempo”. 

Desde la promulgación de la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio: “Porta fidei”, “Puerta de la fe” que lleva la fecha del 11 de octubre de 2011 -en el séptimo año de pontificado de Benedicto XVI- ha transcurrido un año. Con la mirada puesta sobre la gran tarea de la Iglesia de anunciar a Cristo, camino, verdad y vida, llegamos a la feliz apertura del Año de la Fe con un renovado espíritu, haciendo tesoro del Concilio Ecuménico Vaticano II, cuyo cincuenta aniversario de apertura de trabajos se celebra en esta misma fecha. 

En resumen, es voluntad del Santo Padre la de convocar a la Iglesia Universal para que esta celebración que en definitiva está a las puertas suscite en los creyentes la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza, pero también para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía, que es "la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y también la fuente de donde mana toda su fuerza". 

El próximo jueves acompañaremos al Santo Padre, y nos sumaremos a las intenciones que elevará desde el atrio de la basílica vaticana. En todo el mundo, y unidos a la Oración que surja desde el corazón mismo de la Santa Madre Iglesia, católicos, nos encontraremos para pedir al Señor de la Misericordia y a María Santísima, Estrella de las Misiones, por los buenos frutos en este arduo recorrido que nos disponemos a emprender, pero también para pedir por quien mirando hacia delante y conduciendo el timón de la Barca de Pedro en el tiempo y el espacio de la Iglesia de hoy, nos anticipa. (Patricia L. Jáuregui Romero – RV)


                                                           LA CRUZ

                                                        LA IGLESIA

                                                    LA EUCARISTÍA

                                                                          JESUCRISTO








.

domingo, 7 de octubre de 2012

INDULGENCIA PLENARIA DURANTE "EL AÑO DE LA FE"















En conformidad con el Sumo Pontífice Benedicto XVI, que ha establecido un Año particularmente dedicado “a la profesión de la verdadera Fe” que dará comienzo el próximo 11 de octubre, en el día del cincuenta aniversario de la solemne apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, la Penitenciaría Apostólica ha hecho público el Decreto para ganar el don de las indulgencias durante el Año de la Fe. 

En esta época de cambios muy profundos, a los que la humanidad está sujeta, el Santo Padre Benedicto XVI, con la proclamación de este año especial, quiere “invitar al pueblo de Dios, del que es Pastor universal, para que se una al Sucesor de Pedro y recordar el precioso don de la fe". Los fieles serán llamados singular y comunitariamente a rendir testimonio de su propia fe ante los otros en las peculiares circunstancias de la vida cotidiana, en busca de “la santidad y pureza del alma”. 

Con el fin de conseguir el don de las indulgencias, la Penitenciaría Apostólica ha establecido las siguientes disposiciones. A lo largo del año de la fe, del 11 de octubre de 2012 hasta el 24 de noviembre 2013, podrán obtener la indulgencia plenaria de la pena temporal por los pecados, impartida por la misericordia de Dios, aplicable en sufragio por las almas de los fieles difuntos, todos los creyentes verdaderamente arrepentidos, debidamente confesados sacramentalmente y que recen por las intenciones del Sumo Pontífice.  

Los fieles verdaderamente arrepentidos, que no puedan asistir a las solemnes celebraciones por motivos graves, obtendrán igualmente la indulgencia plenaria, con las mismas condiciones, si, unidos en espíritu y pensamiento a los fieles presentes, rezarán por medio de la televisión o la radio, en su casa o en el hospital o donde se encuentren el Padre Nuestro, la Profesión forma legítima de la Fe, u otras oraciones coherentes con los objetivos del Año de la Fe, ofreciendo sus sufrimientos o dificultades de sus propias vidas.













 (ER - RV)

INAUGURADO EL SÍNODO DE LOS OBISPOS


















Homilia del Santo Padre la mañana de este domingo, durante la solemne apertura de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos: 

Venerables hermanos, queridos hermanos y hermanas. 

Con esta solemne concelebración inauguramos la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tiene como tema: La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Esta temática responde a una orientación programática para la vida de la Iglesia, la de todos sus miembros, las familias, las comunidades, la de sus instituciones. Dicha perspectiva se refuerza por la coincidencia con el comienzo del Año de la fe, que tendrá lugar el próximo jueves 11 de octubre, en el 50 aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II. Doy mi cordial bienvenida, llena de reconocimiento, a los que habéis venido a formar parte de esta Asamblea sinodal, en particular al Secretario general del Sínodo de los Obispos y a sus colaboradores. Hago extensivo mi saludo a los delegados fraternos de otras Iglesias y Comunidades Eclesiales, y a todos los presentes, invitándolos a acompañar con la oración cotidiana los trabajos que desarrollaremos en las próximas tres semanas. 

Las lecturas bíblicas de la Liturgia de la Palabra de este domingo nos ofrecen dos puntos principales de reflexión: el primero sobre el matrimonio, que retomaré más adelante; el segundo sobre Jesucristo, que abordo a continuación. No tenemos el tiempo para comentar el pasaje de la carta a los Hebreos, pero debemos, al comienzo de esta Asamblea sinodal, acoger la invitación a fijar los ojos en el Señor Jesús, «coronado de gloria y honor por su pasión y muerte» (Hb 2,9). La Palabra de Dios nos pone ante el crucificado glorioso, de modo que toda nuestra vida, y en concreto la tarea de esta asamblea sinodal, se lleve a cabo en su presencia y a la luz de su misterio. La evangelización, en todo tiempo y lugar, tiene siempre como punto central y último a Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios (cf. Mc 1,1); y el crucifijo es por excelencia el signo distintivo de quien anuncia el Evangelio: signo de amor y de paz, llamada a la conversión y a la reconciliación. Que nosotros venerados hermanos seamos los primeros en tener la mirada del corazón puesta en él, dejándonos purificar por su gracia. 

Quisiera ahora reflexionar brevemente sobre la «nueva evangelización», relacionándola con la evangelización ordinaria y con la misión ad gentes. La Iglesia existe para evangelizar. Fieles al mandato del Señor Jesucristo, sus discípulos fueron por el mundo entero para anunciar la Buena Noticia, fundando por todas partes las comunidades cristianas. Con el tiempo, estas han llegado a ser Iglesias bien organizadas con numerosos fieles. En determinados periodos históricos, la divina Providencia ha suscitado un renovado dinamismo de la actividad evangelizadora de la Iglesia. Basta pensar en la evangelización de los pueblos anglosajones y eslavos, o en la transmisión del Evangelio en el continente americano, y más tarde los distintos periodos misioneros en los pueblos de África, Asía y Oceanía. Sobre este trasfondo dinámico, me agrada mirar también a las dos figuras luminosas que acabo de proclamar Doctores de la Iglesia: san Juan de Ávila y santa Hildegarda de Bingen. También en nuestro tiempo el Espíritu Santo ha suscitado en la Iglesia un nuevo impulso para anunciar la Buena Noticia, un dinamismo espiritual y pastoral que ha encontrado su expresión más universal y su impulso más autorizado en el Concilio Ecuménico Vaticano II. Este renovado dinamismo de evangelización produce un influjo beneficioso sobre las dos «ramas» especificas que se desarrollan a partir de ella, es decir, por una parte, la missio ad gentes, esto es el anuncio del Evangelio a aquellos que aun no conocen a Jesucristo y su mensaje de salvación; y, por otra parte, la nueva evangelización, orientada principalmente a las personas que, aun estando bautizadas, se han alejado de la Iglesia, y viven sin tener en cuenta la praxis cristiana. 

La Asamblea sinodal que hoy se abre esta dedicada a esta nueva evangelización, para favorecer en estas personas un nuevo encuentro con el Señor, el único que llena de significado profundo y de paz la existencia; para favorecer el redescubrimiento de la fe, fuente de gracia que trae alegría y esperanza a la vida personal, familiar y social. Obviamente, esa orientación particular no debe disminuir el impulso misionero, en sentido propio, ni la actividad ordinaria de evangelización en nuestras comunidades cristianas. En efecto, los tres aspectos de la única realidad de evangelización se completan y fecundan mutuamente. 

El tema del matrimonio, que nos propone el Evangelio y la primera lectura, merece en este sentido una atención especial. El mensaje de la Palabra de Dios se puede resumir en la expresión que se encuentra en el libro del Génesis y que el mismo Jesús retoma: «Por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne» (Gn 1,24, Mc 10,7-8). ¿Qué nos dice hoy esta palabra? Pienso que nos invita a ser más conscientes de una realidad ya conocida pero tal vez no del todo valorizada: que el matrimonio constituye en sí mismo un evangelio, una Buena Noticia para el mundo actual, en particular para el mundo secularizado. La unión del hombre y la mujer, su ser «una sola carne» en la caridad, en el amor fecundo e indisoluble, es un signo que habla de Dios con fuerza, con una elocuencia que en nuestros días llega a ser mayor, porque, lamentablemente y por varias causas, el matrimonio, precisamente en las regiones de antigua evangelización, atraviesa una profunda crisis. Y no es casual. 

El matrimonio está unido a la fe, no en un sentido genérico. El matrimonio, como unión de amor fiel e indisoluble, se funda en la gracia que viene de Dios Uno y Trino, que en Cristo nos ha amado con un amor fiel hasta la cruz. Hoy podemos percibir toda la verdad de esta afirmación, contrastándola con la dolorosa realidad de tantos matrimonios que desgraciadamente terminan mal. Hay una evidente correspondencia entre la crisis de la fe y la crisis del matrimonio. Y, como la Iglesia afirma y testimonia desde hace tiempo, el matrimonio está llamado a ser no sólo objeto, sino sujeto de la nueva evangelización. Esto se realiza ya en muchas experiencias, vinculadas a comunidades y movimientos, pero se está realizando cada vez más también en el tejido de las diócesis y de las parroquias, como ha demostrado el reciente Encuentro Mundial de las Familias. 

Una de las ideas clave del renovado impulso que el Concilio Vaticano II ha dado a la evangelización es la de la llamada universal a la santidad, que como tal concierne a todos los cristianos (cf. Const. Lumen gentium, 39-42). Los santos son los verdaderos protagonistas de la evangelización en todas sus expresiones. Ellos son, también de forma particular, los pioneros y los que impulsan la nueva evangelización: con su intercesión y el ejemplo de sus vidas, abierta a la fantasía del Espíritu Santo, muestran la belleza del Evangelio y de la comunión con Cristo a las personas indiferentes o incluso hostiles, e invitan a los creyentes tibios, por decirlo así, a que con alegría vivan de fe, esperanza y caridad, a que descubran el «gusto» por la Palabra de Dios y los sacramentos, en particular por el pan de vida, la eucaristía. Santos y santas florecen entre los generosos misioneros que anuncian la buena noticia a los no cristianos, tradicionalmente en los países de misión y actualmente en todos los lugares donde viven personas no cristianas. La santidad no conoce barreras culturales, sociales, políticas, religiosas. Su lenguaje – el del amor y la verdad – es comprensible a todos los hombres de buena voluntad y los acerca a Jesucristo, fuente inagotable de vida nueva. 

A este respecto, nos detenemos un momento para admirar a los dos santos que hoy han sido agregados al grupo escogido de los doctores de la Iglesia. San Juan de Ávila vivió en el siglo XVI. Profundo conocedor de las Sagradas Escrituras, estaba dotado de un ardiente espíritu misionero. Supo penetrar con singular profundidad en los misterios de la redención obrada por Cristo para la humanidad. Hombre de Dios, unía la oración constante con la acción apostólica. Se dedicó a la predicación y al incremento de la práctica de los sacramentos, concentrando sus esfuerzos en mejorar la formación de los candidatos al sacerdocio, de los religiosos y los laicos, con vistas a una fecunda reforma de la Iglesia. 

Santa Hildegarda de Bilden, importante figura femenina del siglo XII, ofreció una preciosa contribución al crecimiento de la Iglesia de su tiempo, valorizando los dones recibidos de Dios y mostrándose una mujer de viva inteligencia, profunda sensibilidad y reconocida autoridad espiritual. El Señor la dotó de espíritu profético y de intensa capacidad para discernir los signos de los tiempos. Hildegarda alimentaba un gran amor por la creación, cultivó la medicina, la poesía y la música. Sobre todo conservó siempre un amor grande y fiel por Cristo y su Iglesia. 

La mirada sobre el ideal de la vida cristiana, expresado en la llamada a la santidad, nos impulsa a mirar con humildad la fragilidad de tantos cristianos, más aun, su pecado, personal y comunitario, que representa un gran obstáculo para la evangelización, y a reconocer la fuerza de Dios que, en la fe, viene al encuentro de la debilidad humana. Por tanto, no se puede hablar de la nueva evangelización sin una disposición sincera de conversión. Dejarse reconciliar con Dios y con el prójimo (cf. 2 Cor 5,20) es la vía maestra de la nueva evangelización. Unicamente purificados, los cristianos podrán encontrar el legítimo orgullo de su dignidad de hijos de Dios, creados a su imagen y redimidos con la sangre preciosa de Jesucristo, y experimentar su alegría para compartirla con todos, con los de cerca y los de lejos. 

Queridos hermanos y hermanas, encomendemos a Dios los trabajos de la Asamblea sinodal con el sentimiento vivo de la comunión de los santos, invocando la particular intercesión de los grandes evangelizadores, entre los cuales queremos contar con gran afecto al beato Juan Pablo II, cuyo largo pontificado ha sido también ejemplo de nueva evangelización. Nos ponemos bajo la protección de la bienaventurada Virgen María, Estrella de la nueva evangelización. Con ella invocamos una especial efusión del Espíritu Santo, que ilumine desde lo alto la Asamblea sinodal y la haga fructífera para el camino de la Iglesia. (RC-RV)







                                  BENDICIÓN DEL SANTO PADRE


.